Dígame, ¿quién es su fantasma? ¿cuál es el monstruo que le acecha o le devora? ¿qué clase de veneno ha tomado para transformar sus sentidos?
No se preocupe, haré un estudio multidimensional de su persona para encontrar la clave de este asunto. No soy de esos teóricos con complejo de antena parabólica: que si recibimos estímulos, los procesamos, emitimos una respuesta y fin del sistema... En todos los campos hay personas que pretenden dar una solución con las menores complicaciones posibles.
Verá, la locura está legítimamente conviviendo con cada persona, en cierta forma es una válvula de escape como el sueño. El problema viene cuando la convivencia se convierte en conquista o en invasión.
Entonces, la mente traspasa sus límites y a través del cuerpo lanza sus señales de aviso, en su lenguaje metafórico que cada uno debe aprender para comunicarse consigo mismo.
Y lo que captamos, los símbolos de esa mente invadida son toda una antología. He visto personas reacias al tacto de los demás, otros que entienden el mundo como una continua amenaza, otros con la vista perfecta que sólo ven borrosas las caras de la gente, personas a las que los conceptos se les cruzan formando frases sin sentido, con fobia a las esculturas de la calle, con obsesión por la belleza hasta el punto de graparse la cara por no tener dinero para un lifting.
Sí, señor, curioso y decadente es este ser humano cuando se le desata un hilo (o no se le ha llegado a atar nunca). Y cuando se mueve en grupo hace más o menos lo mismo, no se crea, la diferencia es que la escala se hace incalculablemente mayor. Si fuésemos conscientes de toda la tiranía que ha exisitido en este mundo, querríamos salir corriendo del planeta pensando con qué clase de tarados compartimos nombre de especie.
Pero no me desviaré del tema. Le decía que estudiaría su caso en profundidad, pero me atrevo a darle ya un indicio por lo que he capatado en usted hasta ahora.
No ha dicho una palabra, ha mirado o el móvil o a la pared, y esa sonrisa sarcástica me dice que tengo razón: apatía social es lo que tiene.
Así que mueva el culo y en vez de tragarse todo el sistema de creencias y estereotipos que le pone en bandeja su entorno cercano o los mass media, salga a la calle, métase en la manifestación y entérese de lo que es capaz de hacer el ser humano, no con todos los hilos de la mente atados, sino apretados por todas las presiones que le han hecho reventar y reinventarse.
Soñar despiertos para vencer el cansancio. Que no le canse vivir, caballero, eso sí es un mal síntoma.
domingo, 19 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
Asociación libre
Allanar paraísos
donde el miedo disfrazado de decepción
pierde la brújula y la cordura.
No digamos que fue un sueño revolucionario,
una utopía extinguida,
un experimento que reitera la idea de que la sociedad no tiene arreglo.
Olvidemos nuestras muertes
la vida empieza donde la memoria decide.
Maravillas de la semántica: la presencia de la ausencia,
donde no se está
jamás falta la ausencia representando su silencio.
Descafeinado: se dice de aquello que se limita,
que es sin llegar a ser...
vamos, algo que volvería loco a Parménides.
A lo mejor eso de vivir a la deriva,
es una vida descafeinada.
Pensamientos sostenidos por los latidos de las neuronas,
corazones que bombean cada una de las formas
que se tiene de estar vivo.
Curioso mapa es el cerebro.
Sonrío al pensar en todas las neuronas
que disparan sustancias químicas y electricidad como autómatas,
ignorantes de que su función es que yo te reconozca al verte,
ignorantes de que al reconocerte se disparan miles más,
ignorantes de que te amo e ignorantes de lo que significa eso.
Sonrío... qué jodida suerte ser humano.
"Lo bello y lo bestia" inmenso título para una canción, pero
¿Por qué el empeño por encajar
lo hermoso en lo trágico,
en lo oscuramente romántico
o en la decadencia existencialista?
Como armadura contra los posibles golpes
de aprender a caminar por el mundo real.
Reivindico que apostar por los buenos tiempos
no quitan la inspiración (como cuenta la leyenda)
es más bien cambiar de musa
es el despertar donde se trazan
las figuras que soñó la nostalgia
en ese paraíso que acabamos de allanar.
donde el miedo disfrazado de decepción
pierde la brújula y la cordura.
No digamos que fue un sueño revolucionario,
una utopía extinguida,
un experimento que reitera la idea de que la sociedad no tiene arreglo.
Olvidemos nuestras muertes
la vida empieza donde la memoria decide.
Maravillas de la semántica: la presencia de la ausencia,
donde no se está
jamás falta la ausencia representando su silencio.
Descafeinado: se dice de aquello que se limita,
que es sin llegar a ser...
vamos, algo que volvería loco a Parménides.
A lo mejor eso de vivir a la deriva,
es una vida descafeinada.
Pensamientos sostenidos por los latidos de las neuronas,
corazones que bombean cada una de las formas
que se tiene de estar vivo.
Curioso mapa es el cerebro.
Sonrío al pensar en todas las neuronas
que disparan sustancias químicas y electricidad como autómatas,
ignorantes de que su función es que yo te reconozca al verte,
ignorantes de que al reconocerte se disparan miles más,
ignorantes de que te amo e ignorantes de lo que significa eso.
Sonrío... qué jodida suerte ser humano.
"Lo bello y lo bestia" inmenso título para una canción, pero
¿Por qué el empeño por encajar
lo hermoso en lo trágico,
en lo oscuramente romántico
o en la decadencia existencialista?
Como armadura contra los posibles golpes
de aprender a caminar por el mundo real.
Reivindico que apostar por los buenos tiempos
no quitan la inspiración (como cuenta la leyenda)
es más bien cambiar de musa
es el despertar donde se trazan
las figuras que soñó la nostalgia
en ese paraíso que acabamos de allanar.
sábado, 28 de mayo de 2011
Sueños cruzados
Difícil volver a abrir los ojos mientras se sueña.
Más difícil aún cuando más que soñar se recuerda.
Sueño lúcido que es la metáfora de dormir juntos
la misma noche del mismo mundo
repartirnos los sentidos, los deseos y los entendimientos mudos.
Colarnos como personajes improvisados en nuestras historias
que se enredan como nosotros
que nos reflejan en el fuimos y nos proyectan en el seremos
pero en medio está lo real y es el ser junto a ti
es la vida doblemente vivida
tan poderosa para desatarse de su tiempo y volar al sueño
del que somos creadores
tomando paisajes y amoldando circunstancias
pero tan maravilloso como todo aquello capaz de capturar
en su simplicidad
todo un universo.
Cuando más nítidas y naturales son las ideas es cuando salen en verso
me alegro de que esto parezca un poema.
Más difícil aún cuando más que soñar se recuerda.
Sueño lúcido que es la metáfora de dormir juntos
la misma noche del mismo mundo
repartirnos los sentidos, los deseos y los entendimientos mudos.
Colarnos como personajes improvisados en nuestras historias
que se enredan como nosotros
que nos reflejan en el fuimos y nos proyectan en el seremos
pero en medio está lo real y es el ser junto a ti
es la vida doblemente vivida
tan poderosa para desatarse de su tiempo y volar al sueño
del que somos creadores
tomando paisajes y amoldando circunstancias
pero tan maravilloso como todo aquello capaz de capturar
en su simplicidad
todo un universo.
Cuando más nítidas y naturales son las ideas es cuando salen en verso
me alegro de que esto parezca un poema.
domingo, 15 de mayo de 2011
Cómo pertenecer al desorden
La náusea, la expulsión de lo tóxico, siempre se asocia al malestar corporal, a la inquietud y la reacción inmediata. ¿Qué nos intoxica de este mundo? ¿Cuántas cosas sólo pueden irse por el desagüe de la Historia?
La sensación que nubla nuestros últimos años como país es la de estafa, del desfase entre la idea de democracia y la realidad de no poder asirse a una representación ciudadana que tiene una solidez fantasmal.
La importancia dada en esta historia a la sociedad, es de tenernos tan poco en consideración, que las palabras que nos llegan son descarados distractores, discursos vacíos de contenido que no hacen más que jugar con retórica más básica.
Entonces, ¿de qué nos está poniendo a prueba esta clase política? ¿Acaso está midiendo hasta dónde está nuestro límite? ¿Somos acaso los españoles sujetos experimentales para ver el umbral de resistencia a la corrupción?
Desde luego, el elitismo que implica cualquier cargo político en ese sistema jodidamente oxidado, es el primer fallo que a los representantes del pueblo. Los cristales oscuros de sus coches de alta gama no les ocultan lo que no qieren ver, la realidad que sería escandalosa para su indiferencia acomodada y egoísta.
Y, pensando en la forma de vida del político actual, me pregunto si no se sienten absurdos cada vez que hablan para no decir nada, para ponerse como diana de un tiroteo de preguntas que no pretenden responder y que esquivarán con la técnica de la demagogia, argumentos tan conocidos que cualquiera puede adivinar antes de que los pronuncien.
Reconocemos las limitaciones de la realidad, también reconocemos la debilidad milenaria de querer acaparar el poder una vez que se alcanza, un espíritu de supervivencia arrogante, se diría. Pero está claro que cada uno defenderá su sitio, que tan sólo por el hecho de existir no puede ser ilegítimo nunca.
La experiencia que este país fue tomando de protesta se ha ido diluyendo con la estabilidad. Parecía llegar una vida fácil que dejara a la siguiente generación en un eterno sueño adolescente.
La cuestión es que la adolescencia y el sueño pasaron, y el despertar implica vernos con la oportunidad de moldear el futuro que aún tenemos por delante.
La sensación que nubla nuestros últimos años como país es la de estafa, del desfase entre la idea de democracia y la realidad de no poder asirse a una representación ciudadana que tiene una solidez fantasmal.
La importancia dada en esta historia a la sociedad, es de tenernos tan poco en consideración, que las palabras que nos llegan son descarados distractores, discursos vacíos de contenido que no hacen más que jugar con retórica más básica.
Entonces, ¿de qué nos está poniendo a prueba esta clase política? ¿Acaso está midiendo hasta dónde está nuestro límite? ¿Somos acaso los españoles sujetos experimentales para ver el umbral de resistencia a la corrupción?
Desde luego, el elitismo que implica cualquier cargo político en ese sistema jodidamente oxidado, es el primer fallo que a los representantes del pueblo. Los cristales oscuros de sus coches de alta gama no les ocultan lo que no qieren ver, la realidad que sería escandalosa para su indiferencia acomodada y egoísta.
Y, pensando en la forma de vida del político actual, me pregunto si no se sienten absurdos cada vez que hablan para no decir nada, para ponerse como diana de un tiroteo de preguntas que no pretenden responder y que esquivarán con la técnica de la demagogia, argumentos tan conocidos que cualquiera puede adivinar antes de que los pronuncien.
Reconocemos las limitaciones de la realidad, también reconocemos la debilidad milenaria de querer acaparar el poder una vez que se alcanza, un espíritu de supervivencia arrogante, se diría. Pero está claro que cada uno defenderá su sitio, que tan sólo por el hecho de existir no puede ser ilegítimo nunca.
La experiencia que este país fue tomando de protesta se ha ido diluyendo con la estabilidad. Parecía llegar una vida fácil que dejara a la siguiente generación en un eterno sueño adolescente.
La cuestión es que la adolescencia y el sueño pasaron, y el despertar implica vernos con la oportunidad de moldear el futuro que aún tenemos por delante.
domingo, 1 de mayo de 2011
Sucede que a veces
El suceso es insignificante pero significativo: una paloma se posa sobre el techo del autobús parado en un semáforo. Se pone en verde, el autobús acelera y la paloma se tambalea antes de salir volando.
Sentí simpatía por el pájaro sin saber por qué, luego, como deporte mental olímpico, le busqué una analogía humana. Nos creemos en un sitio seguro, inmersos en la rutina, hasta que el suelo tiembla, el mundo acelera a un ritmo que no podemos seguir y tropezamos, mirando alrededor con cara de esdrújulos (como la canción).
Entonces nos daremos cuenta de la ingenuidad con que confiábamos en lo estático. Podemos revolcarnos en el fracaso y lamentarnos de nuestra humana imperfección, o reírnos al reconocer el sentido de los fallos como signo de que queda mucho por delante, de que la voluntad es incombustible.
Pisando suelos distintos, mirando con confusión otro escenario, pero volviendo a ser recién nacidos que tienen todo un mundo por descifrar.
Y, curiosamente, después de estos pensamientos, me doy cuenta de que tengo sueño, que después del cansancio que povoca todo hastío, llega la calma de la salida del túnel, el túnel cavado por el peso de la monotonía.
De cuando el desgaste de la ciudad se acaba filtrando por la piel, de cuando el cielo se hace también un techo vital, cárcel o autopista a un paraíso vaporoso.
En esta ciudad hay rincones sagrados como altares a tiempos agotados contra sus paredes, altares a lo vivido que nuestro futuro ego reinventará volviendo a aquella mesa del café, a aquel santuario del papel gastado, a encontrase con otros ojos en la misma puerta, posiblemente a sentarse en el mismo banco de una antigua tarde idílica. Pero sin embargo, el tono del sol y la densidad del aire serán distintas, la miopía será más rebelde que nunca; pero no importa si dentro de una misma ciudad se pueden reconstruir los escenarios una y otra vez, y no hay fantasmas ni espejismos ni sombras.
A la larga cuentan los fogonazos que se recuerdan de los días deslumbrantes, los de espirales y relojes fugitivos, los de no existe mañana y joder qué raro acordarse de la apatía invandiéndome las neuronas.
Sentí simpatía por el pájaro sin saber por qué, luego, como deporte mental olímpico, le busqué una analogía humana. Nos creemos en un sitio seguro, inmersos en la rutina, hasta que el suelo tiembla, el mundo acelera a un ritmo que no podemos seguir y tropezamos, mirando alrededor con cara de esdrújulos (como la canción).
Entonces nos daremos cuenta de la ingenuidad con que confiábamos en lo estático. Podemos revolcarnos en el fracaso y lamentarnos de nuestra humana imperfección, o reírnos al reconocer el sentido de los fallos como signo de que queda mucho por delante, de que la voluntad es incombustible.
Pisando suelos distintos, mirando con confusión otro escenario, pero volviendo a ser recién nacidos que tienen todo un mundo por descifrar.
Y, curiosamente, después de estos pensamientos, me doy cuenta de que tengo sueño, que después del cansancio que povoca todo hastío, llega la calma de la salida del túnel, el túnel cavado por el peso de la monotonía.
De cuando el desgaste de la ciudad se acaba filtrando por la piel, de cuando el cielo se hace también un techo vital, cárcel o autopista a un paraíso vaporoso.
En esta ciudad hay rincones sagrados como altares a tiempos agotados contra sus paredes, altares a lo vivido que nuestro futuro ego reinventará volviendo a aquella mesa del café, a aquel santuario del papel gastado, a encontrase con otros ojos en la misma puerta, posiblemente a sentarse en el mismo banco de una antigua tarde idílica. Pero sin embargo, el tono del sol y la densidad del aire serán distintas, la miopía será más rebelde que nunca; pero no importa si dentro de una misma ciudad se pueden reconstruir los escenarios una y otra vez, y no hay fantasmas ni espejismos ni sombras.
A la larga cuentan los fogonazos que se recuerdan de los días deslumbrantes, los de espirales y relojes fugitivos, los de no existe mañana y joder qué raro acordarse de la apatía invandiéndome las neuronas.
sábado, 16 de abril de 2011
Personajes personalizados
Es curioso cómo los seres humanos buscamos los más recóndtios lugares para escondernos de lo que nos asusta.
En habitaciones oscuras, en una planificación milimétrica del tiempo, en narcóticos de todo tipo, en las páginas de un libro o una pantalla donde verse reflejado o transformado en personaje; todo formas de escapismo personal. Todas esas vertientes naciendo de un mismo sentimiento de inseguridad, todos huérfanos de brújula buscando acogida en el próximo tren de existencia colectiva que llegue.
Incluso quien está solo, se siente comprendido sabiendo que hay otros que también lo están.
Quien se encierra en su mundo mental, inevitablemente lo construye con componentes exteriores, se cuela en las páginas de una novela, absorviendo el alma de tinta de su protagonista, mimetizándose con él y siguiendo su historia como trazo de la suya.
Y ahí empieza el sentimiento de soledad comprendida, de un trozo de humanidad pegado a las páginas o a la cámara , de mente a mente, empieza el diálogo del artista que crea con su vida hacia el solitario que crea su vida con el arte. Con el libro que le atravesó el estómago o con la imagen que se hundió en sus ojos.
Y después, el socialmente incomprendido solitario sale al mundo diciendo "Soy...", seguro de sí mismo por fin, cubierto con la capa de la identidad. Y hablan los demás de locura, excentricidad o frikismo.
Es, simplemente, su forma de existir, su forma de buscar-se, pues todos nos buscamos o dejamos que otro busque por nosotros.
Pero hay algo que nuestro personaje personalizado no ha visto aún, y es que la historia de la obra de arte tiene fin, y tras él sólo queda dejar morir esa identidad y pasar a otra etapa, o volver a empezar. Vivir lo que ya se ha vivido resulta muy estúpido si se hace consciente, por eso la forma de no cambiar de piel y seguir reconociéndose en el espejo, es cambiar el espejo.
Cambiar de ciudad, cambiar de gente, cambiar todo lo externo donde reflejarse.
Y así, nuestro personaje sigue dentro de su historia, cómodo y seguro, volviendo a empezar, saboreando cada acción como eterna y épica, pues está escrita por un gran autor, pues ya conoce el final y se conoce muy bien a sí mismo, pues todas las vueltas al mismo círculo le harán pensar que la sensación de mareo es signo de haber vivido intensamente.
En habitaciones oscuras, en una planificación milimétrica del tiempo, en narcóticos de todo tipo, en las páginas de un libro o una pantalla donde verse reflejado o transformado en personaje; todo formas de escapismo personal. Todas esas vertientes naciendo de un mismo sentimiento de inseguridad, todos huérfanos de brújula buscando acogida en el próximo tren de existencia colectiva que llegue.
Incluso quien está solo, se siente comprendido sabiendo que hay otros que también lo están.
Quien se encierra en su mundo mental, inevitablemente lo construye con componentes exteriores, se cuela en las páginas de una novela, absorviendo el alma de tinta de su protagonista, mimetizándose con él y siguiendo su historia como trazo de la suya.
Y ahí empieza el sentimiento de soledad comprendida, de un trozo de humanidad pegado a las páginas o a la cámara , de mente a mente, empieza el diálogo del artista que crea con su vida hacia el solitario que crea su vida con el arte. Con el libro que le atravesó el estómago o con la imagen que se hundió en sus ojos.
Y después, el socialmente incomprendido solitario sale al mundo diciendo "Soy...", seguro de sí mismo por fin, cubierto con la capa de la identidad. Y hablan los demás de locura, excentricidad o frikismo.
Es, simplemente, su forma de existir, su forma de buscar-se, pues todos nos buscamos o dejamos que otro busque por nosotros.
Pero hay algo que nuestro personaje personalizado no ha visto aún, y es que la historia de la obra de arte tiene fin, y tras él sólo queda dejar morir esa identidad y pasar a otra etapa, o volver a empezar. Vivir lo que ya se ha vivido resulta muy estúpido si se hace consciente, por eso la forma de no cambiar de piel y seguir reconociéndose en el espejo, es cambiar el espejo.
Cambiar de ciudad, cambiar de gente, cambiar todo lo externo donde reflejarse.
Y así, nuestro personaje sigue dentro de su historia, cómodo y seguro, volviendo a empezar, saboreando cada acción como eterna y épica, pues está escrita por un gran autor, pues ya conoce el final y se conoce muy bien a sí mismo, pues todas las vueltas al mismo círculo le harán pensar que la sensación de mareo es signo de haber vivido intensamente.
domingo, 10 de abril de 2011
Pequeño desastre animal
Qué importan ya esas canciones
The river, Tunnel of love o Disarm
si todas son postales de ilusiones momificadas
si son puñales de plastilina
y plumas agotadas que aterrizaron en charcos
después de encharcarme
las teclas y los ojos.
¿Y vosotros amáis la vida,
que os escondéis de ella
tras contenedores de ficción y verborrea?
Todos
destellos de unos mismos ojos
hijos de la incomprensión y la soledad buscada
girando en torno a la misma hoguera
donde los sueños embelesan en el baile de las llamas
y suben, envejecidos y leves, como humo.
Todos
igual de cobardes que el primero
al que la inocencia esculpió como Fidias
al que ni siquiera se recuerda por sí mismo
sino porque fue en su época
cuando me dedicaba una frase tierna
y la creía.
Entonces, la cuestión no es pensar
que fue el único sincero
es que vivió en mi vida
cuando creía en la sinceridad.
La diosa, la musa, la princesa
abandonan el cuento
de las heroínas de tragicomedia
que salvan niños frustrados de su vacío existencial
y sólo lo consiguen en un efímero momento.
Para después quedar con cara de esperpento
pensando What hell does it means?
y lanzan los guiones a la lluvia
y el futuro no existe y el pasado murió
y si estoy en un puente, siempre un puente
bailaré, correré y me asomaré por los bordes
pero siempre en movimiento
siempre rompiendo fósiles
siempre haciendo malabares
a veces artista del trapecio, otras del hambre
a veces es la rueca del letargo y otras el deshielo
o palabras en el caos o escenarios vacíos
o recuerdo del olvido o nostalgia del futuro
o carnaval del tiempo perdido
o, resumiendo en términos humanos
el pequeño desastre animal
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