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lunes, 5 de marzo de 2012

La idiotez madura

Es la sorpresa al saberse de nuevo capaz de fascinarse por un gesto físicamente común, pero absolutamente mágico ejecutado por una persona en concreto.
No lo responsabilizo del vuelo caprichoso de mis deseos, que sólo quieren unos ojos, una boca, unas manos.
Mi voluntad oscila entre insistir o desistir, en el atrevimiento patético o la retirada de la incertidumbre. Y la valentía o la cobardía son términos que se mezclan y pierden significado, porque sólo cuenta la barrera autoimpuesta de la racionalidad. Esa razón que frena con un ejército de motivos el impulso al abismo de lo sensorial y sentimental, que lo ocupa todo cuando llega y arrincona los pensamientos en la esquina de la dueremevela.
Pero hay que formular un aviso, una petición, algo que indique el deseo inquieto de alcanzar esos labios (los únicos), y de desoír consejos y estampar el tiempo contra la pared de la eternidad del presente. Y es cuando se reaviva la emoción del descubrimiento, la sorpresa por lo que llena los sentidos, el sumergirse en una ola de dulce densidad, de manos enredándose y de la frontera desarmada entre un cuerpo y el otro.
Y entonces, recordar algún sueño y hacerlo sólido en un susurro; y dentro de este micromundo la luz es distinta y la textura de los objetos la ha pintado Monet,y puede sonar la música que vaya al ritmo del baile de la mirada.

sábado, 29 de octubre de 2011

El blues como expresión dionisíaca

La música inspira un sentimiento único a cada persona y en cada momento.
Pero también es cierto que cada estilo, y cada una de sus corrientes, se carcterizan por un matiz expresivo distinto.
Blues en inglés significa melancolía. Y en ella, hay quien se sumerje hasta sus entrañas y saca la fuerza para gritar y bailar, como Albert Collins. Hay quien la contempla y la reproduce con notas leves y tristes, como Skip James o Mississippi John Hurt.
Lo cierto es que los sentimientos, al igual que los deseos, vuelven con más fuerza si son ignorados, no podemos expulsarlos porque forman parte de nosotros mismos. Sólo tienen que pasar, existir en su momento; y en esos momentos de necesidad expresiva, esa fuerte sensación que se revuelve en nosotros sale transformada en música o en cualquier forma de representación posible.
Y entonces llega la descarga, la liberación; el alivio, en parte, tras un momento de intensidad, de un torbellino de pensamientos y emociones que tras bucear en ellos, la supervivencia misma te hace volver a la superficie a tomar aire de nuevo.
Yo tocaría en un blues un inventario de nostalgias, de aquello que pasa de ser una tremenda ausencia a monumentos erigidos en la memoria, para la memoria de todo lo que nos llevó hasta quienes somos ahora.
Foolish things that had a meaning only for us,
Treasures that can't exist again
Y después, posiblemente, abandonarlo ahí y seguir, buscando el mundo en otros escenarios, palabras y texturas. Para esas inmensas sensaciones que rompen la barrera del placer y el dolor vuelvan y nos recuerden (por eso su insistencia en no ser ignoradas) que seguimos vivos.
Es cuando tras salir de los suburbios del hastío, sonríes, aunque el nudo en la garganta siga siendo el blues que nunca has llegado a cantar: El mundo sigue ahí fuera esperando a ser percibido de una forma distinta cada vez, tras el cambio consecuente de merodear por uno mismo.
En cantar a los porpios defectos está un primer paso para reírse a solas, y crecer invisible y silenciosamente.

sábado, 5 de marzo de 2011

La piel de la memoria

La sensación, ese recuerdo inconsciente, devuelve al presente un folio perdido, desde las profundidades del tiempo muerto hasta el aire en el que buceamos ahora.
Todo cuanto recuerdo parece un lapsus, un enorme trance lúcido.
Una música suena, de pronto, extrañamente familiar: ¿es está, la que hace sólo un mes escuchaba todas las noches? También evocaba un recuerdo, una persona que se distancia para que no me duerma, para mantenerme alerta del mundo. Al volver a bucear en esos ojos... sí, confirmaron que no sólo fue una alucinación.
Barcelona: hostilidad. Y me pregunto por qué todo está en color sepia. Allí vivió una niña, que reconocía como "Yo"... hay algún hilo temporal que me sigue uniendo a ella, algunas personas en común, algunos rasgos parecen decir que soy la heredera de aquel principio de vida.
Es una especie de vida pasada que fue consumiéndome con la misma lentitud con la que se regeneraba. ¿Cuántas muertes milimétricas me separan ya de esa niña? ¿Cuántas veces tendremos que re-conocernos en toda una vida?
Vi una silueta caminando a lo lejos que disparó un flash de unos dedos enredándose en el pelo; y miro extrañada, intentando darle coherencia a esa asociación: sí, recuerdo haber deseado traspasar esa piel y haber fracasado en el intento. Ya no lo desearía. Y en medio de esos deseos contrarios, tiempo. Sólo la onda expansiva y debilitadora del tiempo.
Ya no sé si he vivido o he soñado, que más da. Estoy aquí tecleando, y mientras crea soñar, seguiré con vida.
Fly me to the moon
La vida es arte cuando sólo existe el presente. 
Este infinito presente del que nos escapamos continuamente; recordando, planeando, o imaginando escenas a kilómetros de esta habitación donde se revuelven los pensamientos.
El arte es el refugio en el que guardamos nuestra historia y donde nos declaramos testigos de la vida que se nos escapó, que ahora tira bengalas de días que se vuelven niebla y se revuelven hasta que necesitamos sacarlos, dóciles e inmateriales.
Y es cuando podemos verlos desde fuera, ver cómo la precisión matemática vestida de casualidad, fusiona y separa vidas de una manera que fascina y destroza. Esa sensación es la que empieza a remover la niebla hasta filtrarse por la piel.
Y sale una imagen de colores más intensos, con una variada banda sonora, la vemos en una pantalla compartida por infinidad de personajes ajenos a nosotros (los fascinados observadores del mundo) dentro de una trama entre onírica y cruda.
Qué vida tan bien interpretada la que no necesita escaparse de su presente...
Tenía razón Sartre diciendo que a una persona, contando sólo con su cuerpo, su pasado se le escurre entre los dedos.
Y Nietzsche, afirmando la vida tal y como ocurre.
Maslow, hablando de felicidad como esos instantes en los que el tiempo desaparece.
Y Proust en ese Tiempo recobrado, donde la vida puede ser doblemente vivida haciéndola literatura: lo que fue y lo quise que fuera.
Puede que el tiempo sólo sea la cinta donde se graba nuestra tragicomedia.
La memoria la llevamos incrustada en la mirada y los gestos, en los razonamientos y los impulsos.
Rebobinando un poco, veo un accidente, un choque frontal con otros pequeños planetas, y meses de caída con vueltas de campana hasta llegar al mar e inundarme en una dulce calma, sólo flotar y respirar, jugar a cazar el horizonte.
De pintar cruces en el suelo, o ver cómo te sienta la luz del amanecer en la cara cuando aún duermes, o jazz, guitarras y café.
De inaugurar museos por las paredes, o recrear escenas míticas del cine... Todo, todo al alcance de la mano como cuando en los sueños se nos despega el miedo de la piel y cualquier cosa tiene sentido.

sábado, 8 de enero de 2011

Neurosis masiva de nuestro tiempo

I. Pasad, sonámbulos, por este mundo
Que nosotros cogeremos las riendas de la trascendencia
Nos despegaremos de la esclavitud de la palabra
Hablaremos viviendo con los ojos abiertos
Seguid, seguid lapidando
A los que consideráis peligrosos por vuestra propia ignorancia
Os cuento que más allá de vuestra nublada vista
Hay sensaciones, imágenes, olores y texturas
que os tapan vuestras montañas de basura
Almacenadas para aparentar y no ser
Vuestras risas vacías se perderán en el eco
Pero nosotros, de alguna manera seguiremos
Porque aceptamos la mortalidad
Y lo hicimos girar a nuestra manera
Mi parcela del mundo es un gran tapiz de matices
¿La vuestra que será? ¿La caja blindada de un banco?
Que la disfrutéis, pero cabe tan poca vida ahí dentro…

II. Platonismo
Parece que sin darme cuenta, al empezar a buscar verdades fui escalando esa montaña platónica hasta alcanzar un Mundo de las Ideas propio.
Me maravilló la perfección de ese Sol, que me mostró cuando intuía, y quise quedarme allí, no compartir mi tesoro con nadie. Pero debí entender que no era mi mundo, que debía volver y encontrar en la realidad el reflejo de sus maravillas. Así, a tropezones fue bajando, sintiéndome más humana con cada un o de ellos, a la vez que más cerca a la humana imperfección.
La pequeña tortura de no pertenecer a lo ideal termina en no desearla, en valorar los miles de matices del  mundo que el deslumbramiento del Sol no me dejaba ver antes.
"Si un sordo ve a alguien bailar, creerá que es un loco": Hay demasiados con los sentidos tan atrofiados que hacen de la ignorancia su única forma de conocimiento.

III. Eructo mental
 Tengo en mis oídos un combate de boxeo entre villancicos de niños del exorcista, en la calle; y Tom Waits con su voz áspera impregnada en nicotina, en los auriculares.
Entonces mi pequeña rebelión interna hace que suba el volumen al máximo. Si me revientan los tímpanos que sea con blues y no con canciones populares que para mi no significan nada.
Se les ve a todos en su felicidad de plástico, en uniformidad encubierta, aparentan tener, aparentan dirigir sus propias vidas, aparentan evadir la muerte con el espejismo del progreso, aparentan que saber lo útil y lo mejor; y lo ajeno les parece excéntrico, distorsionado, antisocial.
El estar fuera de la caverna, se desprende en la soltura de los gestos, en el enfoque de la mirada  En que las normas implícitas se escurren por el pelo, que pararse a mirar la Luna o bailar por la calle o reírse solo no es proporcional al nivel de locura, sino al de vitalidad. Y sabiendo que la felicidad pueden ser unos minutos de toda una vida, más vale estar alerta por su fuera precisamente éstos.
Los matices no son contradicciones, son amplitud en el ángulo de visión del mundo: ezclo jazz de los años 20 con metal, y no, no soy bipolar.
Prefiero las salas de cine casi vacías con películas de bajo presupuesto, como si fueran un secreto de pocos testigos.
Las historias desordenadas, que tienen la lógica que quien las descubra les da.
Los libros usados. El arte no caduca, queridos consumidores, y si vienen con notas en los bordes, mejor. Ojalá viniera el manuscrito original, aunque fuera la letra indescifrable de Nietzsche, entre tachones y migrañas.
Sentarse en el suelo bebiendo de la botella, mientras mirando las estrellas soltamos nuestros eructos mentales en forma de coloquios sobre lo complicadas que somos las personas.
No hacen falta 2000 euros al mes para que cada día valga la pena que suene el despertador.
No quiero una familia modelo, sólo que me rodeen personas que me hagan cada vez menos incompleta compartiendo su mundo.
Si la sociedad es como una gran serie de televisión con audiencia de masas que nunca termina, este club clandestino tiene teatro improvisado abierto 24 horas (entrada libre).
Y que viva lo alternativo!
IV. Inclasificables
Sin resignarte a que te marquen el rumbo, ¿qué importa cuántas cuerdas haya que cortar?
Se puede soportar perder muchas cosas, excepto la identidad y la libertad de defenderla.
Las miradas de asco ya resultan cómicas, los consejos "por tu bien" se escurren como las gotas de agua en un chubasquero, chistes fáciles y las etiquetas pueden arder en la indiferencia.
Todos nos equivocamos y tenemos algo de razón, pero quien está convencido de tener la razón absoluta, está doblemente equivocado.
Por quien pasan los años y se estanca en una idea que le dieron ya fabricada y empaquetada, dudo que esté descubriendo la vida.
Sinceramente, ya que tenemos que estrellarnos inevitablemente para aprender, prefiero que sea por valentía que por ceguera.
Sin embargo, en sitios "normales" con gente "normal" no te encuentras más que diálogos de sordomudos, donde se acumulan palabras como folios en un archivo olvidado.
Todo cuanto hacemos tiene un sentido, sin ser conscientes de eso y sin disfrutarlo, la vida puede saber a timo.
Puede que no se necesite más que seguir la brújula que llevamos dentro para que, ya que la vida es nuestra, sea únicamente a nuestra manera.