Everybody has their shits and if someone hasn't mental rubbish, will create it.
We need shit for being humans, for fight, for change something.
The thing is that I opted for coexist with my mental rubbish, because I don't want spend my time being angry with myself and project it to the world.
Because life is too fast to spend it. Not too short or too long. Just fast.
domingo, 29 de julio de 2012
sábado, 7 de julio de 2012
El gigante de arena
El
objetivo de este ensayo es plantear una respuesta a la cuestión de cuándo
corrompe el poder. Tomando elementos tema sobre el poder y ejemplificándolos en la obra "Rebelión en la granja"
de G. Orwell, argumentaré una hipótesis que responde a la pregunta inicial: El
poder, cuando corrompe, lo hace progresivamente.
Titulo
este ensayo "El gigante de arena" por las palabras de un personaje
del libro con poco protagonismo pero sabias palabras, Benjamin. Este personaje
se negaba a entusiasmarse con los cambios porque “los burros vivían mucho
tiempo”. La idea subyacente es que el poder no es eterno, y que toda forma de
ejercerlo acaba cayendo (aun siendo sustituida por otra), como un gigante hecho
de arena que puede ser sacudido por un oleaje (una reacción contra él).
1.
“Paso a paso”
Esta expresión asociada
a Maquiavelo muestra la estrategia de adquisición de poder en la que una
persona o una institución van tomando el control en diferentes ámbitos, dentro
de una secuencia temporal. Este proceso está claramente reflejado en la obra de
Orwell, y en el plano histórico, podemos extrapolarlo a muchas revoluciones que
han terminado tergiversadas en dictaduras; en poderes absolutos que han
eclipsado un deseo de libertad a través de justificaciones. En la obra, la
primera “justificación” que encontramos tras la rebelión, es que siendo los
cerdos más inteligentes que los demás animales, éstos deben dedicarse a
proponer resoluciones, y acaban teniendo cada vez más privilegios una vez que
se ha producido la división jerárquica (y justificada) para ejercer el poder.
Poder que primero se limita en que los cerdos propongan ideas y acaba siendo
totalitario. Así, la consecución del poder no es disruptiva para los
subordinados, no se sienten explícitamente amenazados por el poder, y ceden a
ese “apoderamiento”. Las personas no son poderosas por sí mismas, son las
relaciones de poder, consentidas (incluso inconscientemente) por quien acata el
poder.
En el caso de los
cerdos como élite en la granja, vemos como asumen el papel de inculcar a los
demás las ideas del Viejo Mayor y de organizar al grupo tras la rebelión,
produciéndose una profecía autocumplida: si los animales aceptan su
incompetencia frente a los cerdos, acaban aceptando que éstos merezcan ciertos
privilegios, cada vez más. Empezando por que ellos se quedan con las manzanas
“por la felicidad de todos” (un hecho poco significativo) hasta el punto de
cambiar los mandamientos iniciales, limitando los derechos de los animales y
aumentando los suyos: “Todos los animales son iguales, pero algunos más que
otros”. Este absolutismo progresivo del poder se individualiza en la figura de
Napoleón. Cuando aún hay debates para tomar decisiones y se enfrenta a
Snowball, no presenta un plan propio, sino que espera a que su opositor dé un
paso en falso para provocar su expulsión, distorsionar lo sucedido, y afianzar
su liderazgo demonizando a Snowball. Entonces, volvemos al “apoderamiento” y a
la profecía autocumplida: ante esta limitación de los derechos, al estar
trabajando como esclavos pero felices por un gran proyecto que elevaría al
grupo a la gloria y el éxito, el líder debía estar en lo cierto, debía saber
qué era lo mejor y tenía sus vidas en las manos. Porque, eso lo daban por
seguro, por duro que fuese el trabajo nunca podría ser peor que antes (con
Jones). Para mantener este triunfo, debían mostrar respeto al líder, éste
necesitaba lujos para ser “digno” de cara al exterior; y la identificación con el grupo y sus
normas, y la motivación por sus proyectos se tornan una cuestión de
supervivencia por la que anular la voluntad individual.
2.
La fragilidad del poder
Como expresaba el personaje de Benjamin,
“las cosas
nunca fueron, ni podían ser, mucho mejor o peor; el hambre, la opresión y el
desengaño ”. El poder no puede llegar a ser absoluto, por
existir a base de relaciones de poder, ni eterno, por tratarse de relaciones
dinámicas entre un conjunto de personas y unas circunstancias cambiantes.
El poder conlleva la dependencia e influencia mutuas entre quien tiene el poder
y quien lo acata. Sabemos que la legitimidad es necesaria para que haya
autoridad en la fuente de poder, que el líder va a tener una tendencia
dominante para ser capaz de llevar la responsabilidad que el poder conlleva, y
que el estatus va a ser sinónimo de respeto y raramente va a conservarse por la
fuerza. Este es el punto débil del poder. Si es necesario que una fuente de
poder (Napoleón en este caso) haga uso del mismo, es en una situación en la que
los subordinados desobedecen y no siguen las directrices del líder. La
fragilidad del poder es verse obligado a oprimir, imponerse, a limitar la
voluntad de los subordinados, para mantenerse. Pero precisamente esta rigidez
buscada por el poder es lo que más hace reaccionar a quien lo está sufriendo.
La primera carta que puede jugar el
poder, es dar un motivo de pertenencia a quienes estarán bajo él. No es un
fenómeno deliberado, sino que se va haciendo uso de él conforme la persona
poderosa va percibiendo que lo puede ser. En principio, se establecen unos
mandamientos para que haya unos derechos y obligaciones básicos, pero se van
cambiando conforme Napoleón comprueba que puede
hacerlo. Además, para los animales más ignorantes los mandamientos se
simplifican a uno, pero eso da lugar a una ambigüedad en la que todo vale, y
cualquier decisión por parte del poder puede ser aceptada.
El tipo de poder que tiene al principio
Snowball es de referencia (los demás se identifican con él, tienen en cuenta su
opinión y lo respetan) y, en cierta forma, de experto (confían en su criterio,
ya que tiene más conocimientos que otros animales de la granja). Sin embargo,
Napoleón toma el poder a través de un golpe de estado “encubierto”, ya que hace
creer a los demás que Snowball ha huido, y forma entorno a ello toda una
amenaza conspiratoria que utiliza cada vez que hay cierta disidencia dentro de
la granja. Napoleón tiene un tipo de poder coercitivo y de recompensas: los
subordinados dependen de las consecuencias de haberse dejado influir, y una vez
que han cedido, rebelarse puede costarles incluso la vida. Las recompensas son
más un espejismo que una realidad, ya que cuando los animales expresan su
disgusto con frases como “menos cifras y más comida”, o su desesperación
pensando “que existiera un mundo más justo en otra parte”; la élite recurre a
la cortina de humo, a desfiguran el pasado y la vida en el exterior para dar a
entender que están en el mejor mundo posible.
3. La
distorsión
La falta de libertad y el hambre son los factores
que más pueden precipitar una rebelión. Cuando la vida es sólo miseria y
esclavitud, quienes se plantean si ese
es el orden natural de las cosas, piensan cómo debería ser, y cómo sería
posible.
En
el proceso gradual de adquisición de poder, puede que la distorsión de la percepción
(en un sentido más emocional) y de la información (en uno más cognitivo), sea
el elemento que más pesa .
¿Cómo si no iba a permitir un grupo que sus deseos de prosperidad deriven de
nuevo en miseria? Cuando los individuos están identificados con las ideas que
el grupo defiende, y hay acontecimientos trascendentales que los unen (como la
expulsión de Jones o la batalla del establo), surge la categorización grupal y
la comparación con un exogrupo. Por eso, tener una imagen negativa del exterior
aumenta el autoconcepto del grupo, aunque esa imagen sea falsa y la aversión
hacia el exogrupo también (negociando con él por intereses por encima de los
principios ideológicos). Napoleón primero demoniza al enemigo (las granjas
vecinas dirigidas por humanos), luego explica un buen motivo por el que unirse
a uno de ellos en contra del otro, jugando continuamente con la idea de la
lealtad y la demostración de la propia fortaleza.
El añadir excepciones a los mandamientos también es
una forma de distorsión sutil para ganar poder. Borrarlos directamente sería
demasiado evidente, provocaría una reacción contundente por parte de los demás,
Y aun así, si alguien advierte ese ligero cambio, el portavoz del poder les
convencerá de que eso fue así siempre, de que nada ha cambiado y es mejor que
antes. Consigue el silencio, la adhesión y la estabilidad del grupo;
modificando la historia y la memoria histórica.
Y así, los animales olvidan el origen de la rebelión como precio por la
supervivencia.
Conclusión
Para concluir, como muestra el estudio de Fast
(2009), el poder asociado con la incompetencia puede aumentar la agresividad; y
con ello retomo una idea expuesta antes: quien realmente tiene un poder estable
y legítimo, no tiene porqué ejercerlo. Evidentemente, las condiciones en que un
poder puede conservarse así de “sano” es repartiéndolo entre varias personas u
organismos de poder, una separación de poderes como alternativo al absolutismo
(recordando a Montesquieu).
Lo cierto es que ni siquiera una democracia con
reparto del poder entre sus miembros, con un líder elegido por consenso, se
libra de la coerción, del manejo de intereses personales a través del poder, en
una versión mucho más sutil en un mundo inundado por la información y sus
múltiples filos.
Cuando el mecanismo de tomar el poder por la fuerza
(golpes de estado, invasiones, guerras) no resulta válido, se han acabado
ideando otras formas menos invasivas. En la analogía de la historia de Orwell
con el régimen comunista de la Unión soviética, fue una dictadura del
proletariado que se quedó en dictadura, y la propaganda política y el filtro
respecto al exterior jugaron un papel importante. En nuestros días, las
personas más poderosas parecen ser las que manejan las grandes empresas, que
todos conocemos, que crean incluso una especie de identidad y estatus, y en las
que podemos percibir, un mismo concepto de poder, envuelto en los mismos mecanismos
psicológicos, pero en una apariencia totalmente distinta según en momento y el
lugar en que surja.
lunes, 25 de junio de 2012
Euterpe
Creo tener varios elementos de la ecuación.
Pero no tengo las coordenadas espacio-temporales, ni muchas otras variables que mi alcance epistemológico no cubre.
Ni siquiera estoy segura de que existe tal ecuación.
De algo tengo certeza: somos una recopilación de tiempo en el presente. Somos el superviviente de todo un huracán de días. Piensa en el momento en que te diriges al sitio donde vas a encontrarte con alguien. Alguien que apenas conoces pero intuyes que está dando la primera pisada para dejar su huella en tu memoria. Por el camino parece que hiciera un inventario del material vital que llevamos encima: historias, miedos, ingenio, manías.
Esta no es una historia de supervivencia épica. Es una historia sobre la cotidiana búsqueda del desorientado Hombre libre, su tragedia con el miedo a la felicidad (no vaya a venir a envenenarla de frustración).
No es cuestión de tener poco para saber valorarlo. Es cuestión de valorar ciertas cosas que llenen el espacio introspectivo que podamos percibir, y ser capaces de enredarlas a la vida.
Es la historia de aprender a desprenderse con facilidad de lo que no llega a arraigar en los pulmones, ni a deslizarse por el lóbulo temporal. A veces no amamos a la persona o la circunstancia, sino lo que creemos ser con ella. Y nos cuesta ver que que ya somos quienes podamos llegar a ser por nosotros mismos, y después compartirlo con la persona o disfrutarlo en la circunstancia deseada (como un músico tocando en el Royal Albert Hall o un pintor restaurando la Capilla sixtina).
Intentemos desligar la expectativa de la posibilidad, y reconocer que dar por hecho lo deseado es una enajenación mental, como el sueño. Es un peso necesario para equilibrar la balanza entre los oasis y la solidez del presente. Me gusta inspeccionar su textura, en vez de aumentar mi miopía descifrando las olas del desconcierto.
Esta es la historia de lo que no fue.
Simplemente para que sea (insólido e ingrávido) en alguna parte de la imaginación.
Ahora comprendo a quienes escriben historias de ficción. No necesitan escribir sobre ellos mismos. Yo ya no lo necesito. Voy a obviar las metáforas y completar las vacuidades con los montajes de mi mente.
Pero no tengo las coordenadas espacio-temporales, ni muchas otras variables que mi alcance epistemológico no cubre.
Ni siquiera estoy segura de que existe tal ecuación.
De algo tengo certeza: somos una recopilación de tiempo en el presente. Somos el superviviente de todo un huracán de días. Piensa en el momento en que te diriges al sitio donde vas a encontrarte con alguien. Alguien que apenas conoces pero intuyes que está dando la primera pisada para dejar su huella en tu memoria. Por el camino parece que hiciera un inventario del material vital que llevamos encima: historias, miedos, ingenio, manías.
Esta no es una historia de supervivencia épica. Es una historia sobre la cotidiana búsqueda del desorientado Hombre libre, su tragedia con el miedo a la felicidad (no vaya a venir a envenenarla de frustración).
No es cuestión de tener poco para saber valorarlo. Es cuestión de valorar ciertas cosas que llenen el espacio introspectivo que podamos percibir, y ser capaces de enredarlas a la vida.
Es la historia de aprender a desprenderse con facilidad de lo que no llega a arraigar en los pulmones, ni a deslizarse por el lóbulo temporal. A veces no amamos a la persona o la circunstancia, sino lo que creemos ser con ella. Y nos cuesta ver que que ya somos quienes podamos llegar a ser por nosotros mismos, y después compartirlo con la persona o disfrutarlo en la circunstancia deseada (como un músico tocando en el Royal Albert Hall o un pintor restaurando la Capilla sixtina).
Intentemos desligar la expectativa de la posibilidad, y reconocer que dar por hecho lo deseado es una enajenación mental, como el sueño. Es un peso necesario para equilibrar la balanza entre los oasis y la solidez del presente. Me gusta inspeccionar su textura, en vez de aumentar mi miopía descifrando las olas del desconcierto.
Esta es la historia de lo que no fue.
Simplemente para que sea (insólido e ingrávido) en alguna parte de la imaginación.
Ahora comprendo a quienes escriben historias de ficción. No necesitan escribir sobre ellos mismos. Yo ya no lo necesito. Voy a obviar las metáforas y completar las vacuidades con los montajes de mi mente.
domingo, 3 de junio de 2012
Radiografía de una demencia
Está descansando. De la vida, del tiempo, de los días.
Del ruido y de la gente. De los pensamientos y la lógica.
Está descansando del lenguaje. De la paciencia. De las noticias.
Pero parece triste. Sin angustia ni risa. Mustia.
Parece que esperara, despreocupada y altiva ante la deriva.
Con una indiferencia cargada de rabia.
Puede que ni siquiera le sentara bien la alegría, sólo la calma.
El único momento en que se puede no desear nada, y seguir vivo.
Pero es el resultado de que de las eternas dicotomías agoten de decisiones, ahora no tiene que elegir nada.
Sólo dejarlas pasar, y observarlas con una sorna sin gestos.
Está doblada en el sofá. Es una marioneta a la que le han soltado los hilos. No tiene caos, ni busca su geometría.
Del ruido y de la gente. De los pensamientos y la lógica.
Está descansando del lenguaje. De la paciencia. De las noticias.
Pero parece triste. Sin angustia ni risa. Mustia.
Parece que esperara, despreocupada y altiva ante la deriva.
Con una indiferencia cargada de rabia.
Puede que ni siquiera le sentara bien la alegría, sólo la calma.
El único momento en que se puede no desear nada, y seguir vivo.
Pero es el resultado de que de las eternas dicotomías agoten de decisiones, ahora no tiene que elegir nada.
Sólo dejarlas pasar, y observarlas con una sorna sin gestos.
Está doblada en el sofá. Es una marioneta a la que le han soltado los hilos. No tiene caos, ni busca su geometría.
martes, 22 de mayo de 2012
Recuerdo solitario
Ariana piensa como yo escribía.
Ariana es la pasión de mi calma.
El presente es el resultado de una eterna metamorfosis.
Ariana es una vieja amiga de la que te distancias cuando dejas de compartir con ella tu cosmovisión, tu futuro, tus días.
Ha cumplido un ciclo, y ha sido catapulta, a veces una fosa, o una bicicleta.
Un abrazo o un altavoz de mi mente.
Ariana habitaba en los suburbios pero conocía muy bien el resto del paraje, era una exigente arquitecta y una consejera impaciente.
Era tan niña que creía encontrar las soluciones en la melancolía.
Llevaba tanto el rock en las venas que creía en la vitalidad de la destrucción.
Es lo único que sigo haciendo con ella, hasta que mete un pie en el agujero negro, y yo vuelvo a conectar mis sentidos al mundo.
Ariana es la pasión de mi calma.
El presente es el resultado de una eterna metamorfosis.
Ariana es una vieja amiga de la que te distancias cuando dejas de compartir con ella tu cosmovisión, tu futuro, tus días.
Ha cumplido un ciclo, y ha sido catapulta, a veces una fosa, o una bicicleta.
Un abrazo o un altavoz de mi mente.
Ariana habitaba en los suburbios pero conocía muy bien el resto del paraje, era una exigente arquitecta y una consejera impaciente.
Era tan niña que creía encontrar las soluciones en la melancolía.
Llevaba tanto el rock en las venas que creía en la vitalidad de la destrucción.
Es lo único que sigo haciendo con ella, hasta que mete un pie en el agujero negro, y yo vuelvo a conectar mis sentidos al mundo.
sábado, 21 de abril de 2012
El sueño de Ariadna
Sueña, Ariadna. Teseo ya se ha ido, pero sigue soñando el mejor de los mundos posibles. Sonríe. Vívelo.
La vida puede ser mucho mejor.
Fueron saltos temporales de la lluvia dialogando con su soledad, a través del paraguas que la cubría; a la mesa del café, con un libro y una tónica, pegando a las páginas la cuestión de qué ofensa pudo haberle hecho al silencio; y al final del día, la invitación a un vino acompañado de unas palabras al oído: prueba suficiente de su propia existencia y su capacidad de atraer aún viva. Dionisos compraba su abandono.
Hoy, 353 días después, su alegría no tiene origen, ni es una máscara. Es el salvavidas que no soltará ni en vendavales ni en mareas altas. Es confianza en los sentidos y en las sensaciones. Es la certeza de que sigue absolutamente viva. Alegría de saber que puede disolverse la pesadez en el rojo de una copa chocando con otra. Algo que ya conoció hace mucho tiempo, pero fue redescubierto como si de otro mundo viniera y, por ello, era maravilloso. Ariadna desenterró un tesoro de esos labios: un simple cambio de mirada y provoca una sonrisa voraz en Dionisos, y se sabe la autora y siente una alegría mimética entre ella y el dueño de la sonrisa.
Fueron saltos temporales de la lluvia dialogando con su soledad, a través del paraguas que la cubría; a la mesa del café, con un libro y una tónica, pegando a las páginas la cuestión de qué ofensa pudo haberle hecho al silencio; y al final del día, la invitación a un vino acompañado de unas palabras al oído: prueba suficiente de su propia existencia y su capacidad de atraer aún viva. Dionisos compraba su abandono.
Hoy, 353 días después, su alegría no tiene origen, ni es una máscara. Es el salvavidas que no soltará ni en vendavales ni en mareas altas. Es confianza en los sentidos y en las sensaciones. Es la certeza de que sigue absolutamente viva. Alegría de saber que puede disolverse la pesadez en el rojo de una copa chocando con otra. Algo que ya conoció hace mucho tiempo, pero fue redescubierto como si de otro mundo viniera y, por ello, era maravilloso. Ariadna desenterró un tesoro de esos labios: un simple cambio de mirada y provoca una sonrisa voraz en Dionisos, y se sabe la autora y siente una alegría mimética entre ella y el dueño de la sonrisa.
viernes, 30 de marzo de 2012
Un ciudadano errático
César no existe. No le encontrareis en ningún lugar de la Tierra. En ninguna lápida, en ningún censo municipal ni en ningún libro de Historia.
César sólo existe en mi mente, existe levemente. Cuando nació era poderoso e imparable, tanto como carismático e inteligente. Conquistó mi alma y mi cuerpo, lo invadió todo. Por eso lo llamé César, debía tener nombre de emperador.
Lo cierto es que César existe parcialmente en un hombre: mi Calíope, mi fuente de inspiración, del que extraje la vida y las palabras de César; con el que iniciaba conversaciones que acababa con César. Y como mi Calíope era escurridizo y ambiguo, yo interrogaba a César después y él me respondía según mi estado de ánimo u optimismo.
Cada vez ambos se desligaban más, el personaje y la persona, a César lo envolvía de besos allí en mi mente y él se atrevía a ser claro y sincero cuando hipotéticamente me quería, y paseábamos por mundos imaginarios aunque viables.... hasta que ambos tropezábamos con mi Calíope, y la distancia se hacía abismal, y reescribía las palabras de César, y lo recargaba de su poder abrasador si le había dado tiempo de flaquear. Llegaba en el momento exacto para garantizar su representación mental (no sé si voluntariamente, pero parecía saberse mi muso).
Y César enmudecía por el recuerdo aplastante de su original, hasta que yo necesitaba de nuevo volver a fantasear y me reencontraba con César en mi habitación (en un puente dos calles más abajo, en mi mente).
Pero los caminos de César y Calíope se bifurcaron cuando no quedó lugar a la imaginación, cuando necesité algo de verdad y Calíope respondió lo suficiente como para que César perdiera su razón de ser, perdiera solidez su cuerpo y voz su boca.
El abismo con Calíope quedó insalvable por fin, incluso para la fantasía y el deseo, que quedaron de esta orilla, con mi alma y mi cuerpo. Y los pedazos de César, ingrávidos, los recogí en estas páginas. Convertidos en palabras, algo sólidos. Al menos con la posibilidad de ser representación en la mente de otros, o ceniza.
César sólo existe en mi mente, existe levemente. Cuando nació era poderoso e imparable, tanto como carismático e inteligente. Conquistó mi alma y mi cuerpo, lo invadió todo. Por eso lo llamé César, debía tener nombre de emperador.
Lo cierto es que César existe parcialmente en un hombre: mi Calíope, mi fuente de inspiración, del que extraje la vida y las palabras de César; con el que iniciaba conversaciones que acababa con César. Y como mi Calíope era escurridizo y ambiguo, yo interrogaba a César después y él me respondía según mi estado de ánimo u optimismo.
Cada vez ambos se desligaban más, el personaje y la persona, a César lo envolvía de besos allí en mi mente y él se atrevía a ser claro y sincero cuando hipotéticamente me quería, y paseábamos por mundos imaginarios aunque viables.... hasta que ambos tropezábamos con mi Calíope, y la distancia se hacía abismal, y reescribía las palabras de César, y lo recargaba de su poder abrasador si le había dado tiempo de flaquear. Llegaba en el momento exacto para garantizar su representación mental (no sé si voluntariamente, pero parecía saberse mi muso).
Y César enmudecía por el recuerdo aplastante de su original, hasta que yo necesitaba de nuevo volver a fantasear y me reencontraba con César en mi habitación (en un puente dos calles más abajo, en mi mente).
Pero los caminos de César y Calíope se bifurcaron cuando no quedó lugar a la imaginación, cuando necesité algo de verdad y Calíope respondió lo suficiente como para que César perdiera su razón de ser, perdiera solidez su cuerpo y voz su boca.
El abismo con Calíope quedó insalvable por fin, incluso para la fantasía y el deseo, que quedaron de esta orilla, con mi alma y mi cuerpo. Y los pedazos de César, ingrávidos, los recogí en estas páginas. Convertidos en palabras, algo sólidos. Al menos con la posibilidad de ser representación en la mente de otros, o ceniza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



