La historia con Daniel fue perfecta.
Directa, clara, sin cortesías ni cortejos.
Él quería acostarse conmigo, y me pidió mi número para tomarnos unas cervezas.
A mi me apetecía acostarme con alguien, y la cerveza también.
Así que quedamos, descubrimos que no teníamos nada en común de lo que hablar, y empezamos a besarnos. Con un vamos a mi casa fue suficiente, ni una palabra más.
Era delgado, tanto que se le notaban las costillas pegadas a la piel, blanca y suave. Tenía cara de niño, a pesar de ser mayor que yo, y un gesto entre travieso e infantil.
Era todo lo que nunca me había atraído. Era perfecto.
Estaba tan excitado que cuando acabábamos de hacer el amor y yo empezaba a dormirme, él volvía a agarrarme, y así dos veces más.
Por la mañana me hizo un café, como se lo haría a su compañero de piso, y lo acompañé al trabajo, como haría un amigo.
"Hasta luego, lo he pasado bien", "Hasta luego, ya nos veremos".
Echo de menos la naturalidad de dejarse llevar por el deseo, la ausencia de sentimientos, la claridad de intenciones.
Muchas historias deberían quedar así, sin un mal recuerdo, ni un reproche, ni una despedida.
sábado, 31 de mayo de 2014
viernes, 23 de mayo de 2014
Nota onírica
He soñado que llegaba corriendo, en un momento, a la esquina contraria del país, a tu pueblo. Entraba en tu casa, te veía salir de tu habitación (que he reconstruido mentalmente a partir de la única imagen por videoconferencia que tuve de ella), y yo alzaba los brazos para abrazarte, empecé a reír. Y tú me paraste en seco, me agarraste los brazos y me dijiste: Ciara, no.
Me costó entender las palabras por un momento. La luz del pasillo era naranja y tu expresión era sombría. No dejaste de apretarme los brazos hasta que no empecé a alejarme.
Salí de tu casa y corrí hasta el pueblo de mi amigo Luis (en la realidad, a 47 km; en mi sueño, a una calle de distancia). Luis me esperaba en la calle, recogió mis maletas, que no habían aparecido hasta eso momento), me echó el brazo por el hombro y me llevó con su grupo de amigos.
Esta despedida, este dejarte ir; ha sido mucho más real que el que nos dimos estamos conscientes y despiertos.
Me costó entender las palabras por un momento. La luz del pasillo era naranja y tu expresión era sombría. No dejaste de apretarme los brazos hasta que no empecé a alejarme.
Salí de tu casa y corrí hasta el pueblo de mi amigo Luis (en la realidad, a 47 km; en mi sueño, a una calle de distancia). Luis me esperaba en la calle, recogió mis maletas, que no habían aparecido hasta eso momento), me echó el brazo por el hombro y me llevó con su grupo de amigos.
Esta despedida, este dejarte ir; ha sido mucho más real que el que nos dimos estamos conscientes y despiertos.
martes, 13 de mayo de 2014
Hoy me apetece divagar
El calor pega en la calle. El nuevo disco de The Black keys es una genialidad. La liga de fútbol está a punto de terminar. Esas son cosas con las que se rellenan los pensamientos, las conversaciones y el tiempo. Esas cosas las piensa uno cuando está relajado y no tiene mayores cosas por las que preocuparse.
Pero en ocasiones como esta, se necesita pensar y reposar las ideas para actuar con claridad y certeza. Tengo 23 años y una carrera universitaria. Quiero y debo comerme el mundo. Quiero mostrar mi talento y vivir de él. Mis talentos, por suerte, son varios. Eso significa que mis medios de vida podrían ser varios, y con todos ellos disfrutaría. Pero difícilmente encuentro la oportunidad de que alguno de ellos me dé dinero a corto plazo. Es más, a inmediato plazo. Porque cuando uno tiene esa calma para pensar en banalidades, también puede pensar en proyectos a largo plazo.
Cuando la urgencia de que entre algo en la cuenta corriente es lo que mueve tus actos; esos proyectos pasan a un plano invisible, y tu objetivo es la recompensa económica. No es capitalismo, es supervivencia.
Si gano algo ahora, en el futuro podré llevar a cabo mis proyectos, piensas.
Pero crecimos en una época en la que se daba por seguro que si estudiabas, emprendías, y hacías las cosas bien, la sociedad, la economía y el Estado te apoyarían.
Y una mierda pinchá en un palo.
Dijo Ortega y Gasset que cada generación daba por hecho y por "normal" lo que la generación anterior luchó por conseguir. La generación de nuestros padres ganó un Estado del bienestar y unas condiciones en las que nosotros dábamos por hecho que con esfuerzo, las oportunidades y los resultados estarían ahí. Por que vivíamos en una sociedad del primer mundo, económica y socialmente desarrollada.
Pero seguimos viviendo en la cultura del pillaje, el rateo, el egoísta, la ausencia de ética, la falta de civismo, la catetura y la ranciedad.
Una generación que no deja abrirse paso a la siguiente y se limita a mirarse el ombligo, es una generación que cava su propia tumba y que no ha aprendido nada de la vida.
Se supone que el ser humano se reproduce para perpetuar su legado, y que su legado es dejar el mundo mejor que como lo encontró.
Un mojón para las leyes de la lógica y de la naturaleza.
Mientras ese egoísmo y esa inconsciencia permanezcan, la Humanidad va a ser recordada como la especia más estúpida conocida en el Universo. Los extraterrestres se asomarán y pensarán qué puñetero rumbo tiene grupo que se empeñe en dividirse. Todo bicho viviente debería entender que la rabia, el orgullo, la avaricia (y no quiero citar los pecados capitales, abogo por el libre ejercicio espiritual y moral); no hacen más que aislar y debilitar a los individuos.
Un grupo, para progresar, debe mirar por los intereses grupales, analizar sus problemas y solucionarlos en consenso; que las generaciones sean comprensivas unas con otras, que ninguna persona mira al vecino como un rival, sino como otro que está en el mundo para lo mismo que estás tú y que están los demás: Para hacer de su vida un proyecto irreemplazable, grandioso y único.
Pero en ocasiones como esta, se necesita pensar y reposar las ideas para actuar con claridad y certeza. Tengo 23 años y una carrera universitaria. Quiero y debo comerme el mundo. Quiero mostrar mi talento y vivir de él. Mis talentos, por suerte, son varios. Eso significa que mis medios de vida podrían ser varios, y con todos ellos disfrutaría. Pero difícilmente encuentro la oportunidad de que alguno de ellos me dé dinero a corto plazo. Es más, a inmediato plazo. Porque cuando uno tiene esa calma para pensar en banalidades, también puede pensar en proyectos a largo plazo.
Cuando la urgencia de que entre algo en la cuenta corriente es lo que mueve tus actos; esos proyectos pasan a un plano invisible, y tu objetivo es la recompensa económica. No es capitalismo, es supervivencia.
Si gano algo ahora, en el futuro podré llevar a cabo mis proyectos, piensas.
Pero crecimos en una época en la que se daba por seguro que si estudiabas, emprendías, y hacías las cosas bien, la sociedad, la economía y el Estado te apoyarían.
Y una mierda pinchá en un palo.
Dijo Ortega y Gasset que cada generación daba por hecho y por "normal" lo que la generación anterior luchó por conseguir. La generación de nuestros padres ganó un Estado del bienestar y unas condiciones en las que nosotros dábamos por hecho que con esfuerzo, las oportunidades y los resultados estarían ahí. Por que vivíamos en una sociedad del primer mundo, económica y socialmente desarrollada.
Pero seguimos viviendo en la cultura del pillaje, el rateo, el egoísta, la ausencia de ética, la falta de civismo, la catetura y la ranciedad.
Una generación que no deja abrirse paso a la siguiente y se limita a mirarse el ombligo, es una generación que cava su propia tumba y que no ha aprendido nada de la vida.
Se supone que el ser humano se reproduce para perpetuar su legado, y que su legado es dejar el mundo mejor que como lo encontró.
Un mojón para las leyes de la lógica y de la naturaleza.
Mientras ese egoísmo y esa inconsciencia permanezcan, la Humanidad va a ser recordada como la especia más estúpida conocida en el Universo. Los extraterrestres se asomarán y pensarán qué puñetero rumbo tiene grupo que se empeñe en dividirse. Todo bicho viviente debería entender que la rabia, el orgullo, la avaricia (y no quiero citar los pecados capitales, abogo por el libre ejercicio espiritual y moral); no hacen más que aislar y debilitar a los individuos.
Un grupo, para progresar, debe mirar por los intereses grupales, analizar sus problemas y solucionarlos en consenso; que las generaciones sean comprensivas unas con otras, que ninguna persona mira al vecino como un rival, sino como otro que está en el mundo para lo mismo que estás tú y que están los demás: Para hacer de su vida un proyecto irreemplazable, grandioso y único.
martes, 22 de abril de 2014
Querida y olvidada yo del pasado
¿Debería sentirme mal por el punto al que han llegado las cosas?¿Por mi cúmulo de decisiones? No, en absoluto. Y no espero que tú me comprendes, no puedes. Al igual que yo no puedo comprender a mi yo (nuestro yo) de 40 años; tú, renacuajo de 18, tampoco puedes imaginar cómo hemos llegado hasta aquí. Tú en potencia y yo ahora.
No tenemos trabajo, señorita me-creo-una-lumbrera. Y poco importa si somos una lumbrera o no. Soy psicóloga y la sociedad no reclama de mi nada más que vender mierdas a comisión. He llegado a trabajar en esas cosas, por mucho que te parezca imposible romper la timidez que te invade.
Yo me la sacudí a la fuerza y primero es liberador, luego llegas a un punto despreocupado en el que podrías decir cualquier cosa con total deshinibición. Lo sé, aún tiemblas cuando tienes que presentar un trabajo en clase. Yo he llegado a presentar uno con un lamparón de atún con tomate en la ropa. Haz alguna broma sobre que se te ha olvidado cómo se come, la gente se reirá, y no importará que tengas un lamparón o periquito subido a la cabeza.
Ese rollo pensativo-místico-solitario que siempre has tenido se traducirá en un vicio: filosofía. Ten presente esa palabra. Será tu mariposa del huracán. Aún no has visto El efecto mariposa, pero lo entenderás para entonces.
El amor de nuestra vida por el momento, no ha sido un príncipe de la Rusia zarista. Fue un ratón de biblioteca al que le encanta dar pena, y que te traerá por el camino de la amargura y los traumas unos cuantos años. Yo aviso. Aún estoy solucionando ese despropósito.
Te preguntarás que si no hemos tenido una historia de cuento de hadas, qué hemos tenido. Pues muchas historias breves y preciosas. No te vas a enamorar de ninguno de ellos. Y con ellos me refiero a un plural muy grande, pero siempre estarás deseando en el fondo que alguno no pase de largo y te diga que se quiere quedar contigo.
Uno te lo pedirá, le dirás que sí, y por un tiempo dirás con orgullo que tienes novio, pero sólo estás intentando convencerte a ti misma de que ya te has curado del señor de las gafas. Aparecerá el señor de las gafas para sabotear tu relación, a ti se te irá la cabeza por él otra vez, y te quedarás felizmente soltera y con amorfobia un par de años más.
Después, un chico maravilloso te preguntará si quieres salir con él después de una noche de lujuria bajo los efectos del ron (porque sí, doña Perfecta, te vas a emborrachar y vas a fornicar sin amor, aunque siempre con cariño y pasión). A ese chico le dirás que te dan grima las relaciones de pareja, y después te cagarás en esa afirmación.
Después un chico te pedirá que te fugues con él, y dirás que no.
Después te enamorarás, por fin, de alguien que parecía bajado del puto Olimpo, y se rajará cuando más segura estabas de confiar en él.
Pero no te desesperes, no acabarás como Uma Thurman en Kill Bill (que también verás esa peli y todas las de Tarantino). Ahora eres sublime -ya pillarás eso cuando veas una serie llamada Cómo conocí a vuestra madre-. Eres sublime porque estás liada con dos hombres a la vez, ambos saben de la existencia del otro, nadie está celoso y recibo cariñitos por doquier.
No te preocupes, aunque te puedas escandalizar, estoy genial. El mundo abierto, con miles de posibilidades delante de mi. Estoy lanzando la moneda y viendo de qué lado cae, hasta que me gusta más la cara o la cruz. O deje de lanzar monedas y me pase a los dados.
Tendrás un lema, querida yo adolescente. Hakuna matata. Al pie de la letra.
No tenemos trabajo, señorita me-creo-una-lumbrera. Y poco importa si somos una lumbrera o no. Soy psicóloga y la sociedad no reclama de mi nada más que vender mierdas a comisión. He llegado a trabajar en esas cosas, por mucho que te parezca imposible romper la timidez que te invade.
Yo me la sacudí a la fuerza y primero es liberador, luego llegas a un punto despreocupado en el que podrías decir cualquier cosa con total deshinibición. Lo sé, aún tiemblas cuando tienes que presentar un trabajo en clase. Yo he llegado a presentar uno con un lamparón de atún con tomate en la ropa. Haz alguna broma sobre que se te ha olvidado cómo se come, la gente se reirá, y no importará que tengas un lamparón o periquito subido a la cabeza.
Ese rollo pensativo-místico-solitario que siempre has tenido se traducirá en un vicio: filosofía. Ten presente esa palabra. Será tu mariposa del huracán. Aún no has visto El efecto mariposa, pero lo entenderás para entonces.
El amor de nuestra vida por el momento, no ha sido un príncipe de la Rusia zarista. Fue un ratón de biblioteca al que le encanta dar pena, y que te traerá por el camino de la amargura y los traumas unos cuantos años. Yo aviso. Aún estoy solucionando ese despropósito.
Te preguntarás que si no hemos tenido una historia de cuento de hadas, qué hemos tenido. Pues muchas historias breves y preciosas. No te vas a enamorar de ninguno de ellos. Y con ellos me refiero a un plural muy grande, pero siempre estarás deseando en el fondo que alguno no pase de largo y te diga que se quiere quedar contigo.
Uno te lo pedirá, le dirás que sí, y por un tiempo dirás con orgullo que tienes novio, pero sólo estás intentando convencerte a ti misma de que ya te has curado del señor de las gafas. Aparecerá el señor de las gafas para sabotear tu relación, a ti se te irá la cabeza por él otra vez, y te quedarás felizmente soltera y con amorfobia un par de años más.
Después, un chico maravilloso te preguntará si quieres salir con él después de una noche de lujuria bajo los efectos del ron (porque sí, doña Perfecta, te vas a emborrachar y vas a fornicar sin amor, aunque siempre con cariño y pasión). A ese chico le dirás que te dan grima las relaciones de pareja, y después te cagarás en esa afirmación.
Después un chico te pedirá que te fugues con él, y dirás que no.
Después te enamorarás, por fin, de alguien que parecía bajado del puto Olimpo, y se rajará cuando más segura estabas de confiar en él.
Pero no te desesperes, no acabarás como Uma Thurman en Kill Bill (que también verás esa peli y todas las de Tarantino). Ahora eres sublime -ya pillarás eso cuando veas una serie llamada Cómo conocí a vuestra madre-. Eres sublime porque estás liada con dos hombres a la vez, ambos saben de la existencia del otro, nadie está celoso y recibo cariñitos por doquier.
No te preocupes, aunque te puedas escandalizar, estoy genial. El mundo abierto, con miles de posibilidades delante de mi. Estoy lanzando la moneda y viendo de qué lado cae, hasta que me gusta más la cara o la cruz. O deje de lanzar monedas y me pase a los dados.
Tendrás un lema, querida yo adolescente. Hakuna matata. Al pie de la letra.
viernes, 28 de marzo de 2014
sábado, 15 de marzo de 2014
VI
Llegó
el momento en que por fin Ciara vendría a Galea. Ya
tenía pensado las librerías de segunda mano a las que la iba a
llevar, el recorrido por el que le enseñaría la ciudad, la gente
que le iba a presentar y los bares en los que probaríamos todos los
tipos de alcohol que pudiéramos soportar. Llegó en tren, así se lo
pedí aunque resultara algo caprichoso por mi parte siendo 11 horas
de viaje, pero así dejaría la cena preparada en la buhardilla, la
recogería en el andén, e iríamos caminando tomando el camino de la
catedral, que cogeríamos justo con el color de la puesta de sol. Ya
que Ciara amaba tanto el aire británico, aquello le parecería
Canterbury con un punto tenebrista de Harry Potter. Y al ver aquello
fue, como ella dijo, una patata feliz.
Estaba
tan a gusto con ella que reconozco que perdí la noción de la
realidad. Ambos la perdimos. Nos metimos en una espiral de pasear,
ver películas y hacer el amor; que nos pareció el mejor mundo
posible, obviando el hecho de que iba a acabarse en unos días;
obviando la certeza de que cuando volviéramos a Floria nada sería
igual, ni nosotros mismos. Pero nada malo existía mientras estábamos
juntos, así que nos dio igual cualquier tipo de consecuencia, de esa
que sólo existen en el mundo de los adultos. La cuarta noche que el
lambrusco nos subió la libido, le dije:
-
Tenía
que ponerme las gafas para verte, Ciara. Es
decir, las gafas de verlo todo desde fuera, de estar enfocado. Me
acordaba de ti, con tu Les Paul colgaba, y con los ojos cerrados
mientras tocas...
-
¿Yo cierro los ojos mientras toco? ¿En serio?
-
Sí, ¿no te has dado cuenta? Bueno, y entonces, al acordarme de eso
pensé: ahí mismo, en el escenario, le levantaría la camiseta poco
a poco, le daría un beso en el cuello y.... tendríamos que irnos de
allí inmediatamente.
Ciara
se rió soltando primero una especie de pedorreta, era su estilo .
-
Pero
esta vez quiero quitártela, no para omitir mis miedos, sino para
tirarme en picado sobre tu escote, y acomodarme allí durante un
tiempo indefinido. Prefiero tu olor a sándalo al de la ginebra y el
tabaco.
Me asustas, de la misma forma que asustan las montañas rusas: me meteré a propósito en el pánico, te pediré que te quedes en Galea, y que nunca vayamos a Inglaterra. Que llenemos el coche de discos de Sinatra que no pondremos.
Te pediré que me derrames cerveza por el edredón, que cenemos helado y lambrusco, que rodemos un cortometraje emulando a Meg y Jack White, yo aporreando la batería, tú cantando, un mono mecánico tocando los platillos en el suelo.
Y tú, pídeme que no piense en exceso y por defecto, pídeme que te rompa las cremalleras y los ojales, que te agarre a traición por la calle.
Me vibra la música en los oídos y en las vértebras, me invade la distorsión de tu Gibson y, por fin, siento una inmensa paz.
Me asustas, de la misma forma que asustan las montañas rusas: me meteré a propósito en el pánico, te pediré que te quedes en Galea, y que nunca vayamos a Inglaterra. Que llenemos el coche de discos de Sinatra que no pondremos.
Te pediré que me derrames cerveza por el edredón, que cenemos helado y lambrusco, que rodemos un cortometraje emulando a Meg y Jack White, yo aporreando la batería, tú cantando, un mono mecánico tocando los platillos en el suelo.
Y tú, pídeme que no piense en exceso y por defecto, pídeme que te rompa las cremalleras y los ojales, que te agarre a traición por la calle.
Me vibra la música en los oídos y en las vértebras, me invade la distorsión de tu Gibson y, por fin, siento una inmensa paz.
Sí,
el alcohol me hace hablar con más coherencia de la que tengo
habitualmente. Coherencia gramatical, porque lo que estaba diciendo
era una completa locura.
Ciara
no me dijo nada. Sólo me miró y empezó a acariciarme el pelo hasta
que me quedé dormido. Me conocía demasiado como para creerme. Y no
volvimos a hablar sobre eso. Porque eran sueños, sólo eso.
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