martes, 13 de agosto de 2013

Desaparece

de los pocos rincones del mundo y de las memorias en las que has dejado huella
corre, pequeño, antes de que alguien empiece a echarte en falta
no hace falta que te despidas, pues eres una sombra
te asomas al mundo de los vivos de vez en cuando
pero tu mente no puede soportar tantos conflictos de intereses
tanto deseo cruzado, tantas intenciones ocultas
tu cueva es más segura y tus carceleros no muerden
Es triste pensar que sólo nos unieran los miedos
Y que tu miedo te haya alejado, ¿qué puedo esperar de este mundo?, decías
Tú sólo querías personas de agua (transparentes)
También querías a alguien que te sacudiera la pena
pero lo cierto es que sólo uno mismo puede salvarse de sus propios fantasmas
Yo te decía que no quería más juegos de alter ego,
que la premisa era "algo sencillo y hermoso", algo,
encajado en un instante, en dos, en infinitos
pero que el pasado no nos debía devorar ni el futuro echarnos la soga al cuello
podría hacer de cualquier esquina un paraíso
no contigo, que te has acomodado en tu propio infierno
con cualquiera que entienda que la redención está en este mundo
en el tacto.
Y reconozco que yo sigo llevando la armadura de hielo
que no podemos fundirla ni yo ni la gelidez de las ausencias profetizadas
Pero piénsalo, ya soy en parte de agua.
Corre, corre de lo que más desees, no te vayan a atropellar tus sentidos
no te vaya a latir el corazón, no vayas a dejar de vagabundear por la memoria de los otros.

viernes, 9 de agosto de 2013

Que la razón mande sólo en sus dominios. Que en los instantes de reacción se calle. El pragmatismo no vale con las emociones.
¿Qué le voy a hacer? En mitad del gran desorden me sigo creyendo veleta, al final de tanta vuelta hay que señalar un norte, un sur. Decir de alguien que es un veleta prueba poca imaginación: se ven las vueltas pero no la intención, la punta de la flecha que busca hincarse y permanecer en el río del viento.
Hay ríos metafísicos.
Aquí, amor, la vida se hace extraña a veces.  O la extraña soy yo en este mundo en que gente recién conocida me halaga después de escucharme un rato hablar, y quieren a cercarse a mi, y no consigo encontrar la seguridad ni la sintonía espiritual que sentía con la gente de Compostela; contigo. No confío en esa primera impresión que pueda despertar en otros porque sé que es una capa fácil de rascar, y destrás se encuentra la piel que puede resultar menos atractiva a la vista pero más profunda y esencial, y ahí puede llegar la media vuelta y el alejamiento (como casi siempre), y o que no tenga necesidad de decir casi nada para confiar en hacer una hermosa locura, sin que la razón tenga nada que decir, ni la experiencia y ni los condicionamientos varios

domingo, 21 de julio de 2013

Puede que te haya encontrado. Esta nueva afirmación, que aún es probabilística, rompe una barrera que hace un momento me parecía obvio derribar, pero ahora que la he traspasado (puede que en vano) se me disparan las típicas dudas de cuando una decisión está a punto de materializarse, se aparece a la vista acompañada de todas sus posibles consecuencias.
No hay nada que perder, supongo, y debería alegrarme por no tener que dejarlo todo al azar, como harían las personas antes de contar con la tecnología; sólo podrian esperar años y años a cruzarse con la persona perdida por la calle, y reconocerla a tiempo, y reunir el valor para acercarse y decir algo antes de que el instante pasara, y con él toda la cadena de acontecimientos vitales que envolverían el encuentro.
Me represento los instantes que puedes llegar a vivir con otra persona, como figuras hechas de humo de cigarro que la rodean como un aura, leves e ingrávidas, susceptibles de que un descuido de uno de los dos no las deje realizarse y grabarse en las respectivas memorias, esculpidas en cada una a su estilo, pero existentes en algún recodo neuronal del mundo.

Toda esta pataleta de encontrarte viene por el empeño de repetir los buenos momentos, de no dejarlos ir, y pensar que no volveremos a encontrar algo tan bueno, y caemos en el error fantástico de imaginar el reencuentro como una escena perfecta, coreografiada, escrita sobre guión, vista desde fuera de nuestro propio cuerpo, como observadores de nuestro futuro incierto.
A riesgo de la estupidez de buscar a una persona con la que hubo reacciones químicas una noche, y que resulte que no fue más que esa noche, me escudaré en el verano, en las circunstancies vitales del domingo, en la vuelta a la ciudad de origen (de tu vida y de todos tus dolores de cabeza) después de pasar un años en otra dimensión; mi cansancio de pseudo historias de amor... qué sé yo. Simplemente, no fui capaz de irme contigo y ahora al menos mi conciencia me dice que he sido capaz de buscarte, y de creer que te he encontrado y de pretender comprobarlo, y asumir las consecuencias sin condiciones y... voy a saberlo ahora mismo.

jueves, 18 de julio de 2013

Luis:


La vida anda por aquí, la ciudad a la que dirigí perdiéndote a ti, rápida y estimulante. Vertiginosa y bella. Difícil de asimilar. Necesitaría la calma de muchos trenes para que los cambios se asentaran en mi cabeza mientras mentalmente sigo agarrando tu mechón rubio entre los dedos.
Cuando cierro los ojos, me vuelvo al universo táctil y casi mudo de nuestra historia anónima y pura, extraña y demente para algunos, una salvación para la rutina aplastante y los casos perdidos.
La pregunta es inevitable: ¿qué habría pasado si hubiera mandado a la mierda a esta ciudad y me hubiese bajado contigo? ¿Habríamos recreado Antes del amanecer? ¿Mi condena por no haberme ido contigo es no encontrarte jamás por la calle, que no me busques, que me pregunte eternamente el "y si", que sigas siendo la excusa antes mis futuros amores fallidos?
Mis alas aún estaban forjándose sin estar listas para volar. No puedo buscar a quien vuele si yo no lo hago. Perdona. Volamos un poco y me asusté.
No ha sido la única vez en este trecho que me he encerrado en mis cómodas fobias, pero en este otro caso tengo una suerte que espero merecer.
Al menos, he aprendido a distinguir cuánto hay mescalina (magia química) entre yo y otro ser humano. La mescalina va a ser mi criterio y mi respuesta a mi pérdida emocional de los últimos años. El elemento oculto de la alquimia es dos desconocidos besándose en un tren. Es una de las respuestas que fue a buscar a la tierra sagrada y que finalmente hallo cuando he vuelto a mi mundo, y vislumbro con una claridad pasmosa qué no es mescalina para percibir con una sensibilidad amplificada qué sí lo es.
Por eso, desconocido, te llamaré Luis. Por eso, como me basta con el tremendo regalo del cosmos de encontrarte y ser mi respuesta, que te volviera a ver sería algo que dejo fuera del alcance de mi deseo.

jueves, 27 de junio de 2013

Cosas que recordar de Santiago

 Los grafittis del pez, la Alameda cuando hace sol, el peregrino borracho de la rúa do Franco, las gaviotas, los malabarismos para llevar el paraguas y las bolsas de la compra, las calles que no sabes a dónde te llevarán, el musgo de los muros, la silueta de la catedral desde mi ventana, las setas que crecieron del techo, el licor café que me rebotó el estómago, no recordar el camino al Ruta, la marea de gente en la puerta del Tarasca, pasar cuestionarios en la puerta del Avante, Django desencadenado, descubrir a los Black Keys, a Graveyard, Journey, HEAT y Rival sons, los últimos días de clase, todas las variedades de pan imaginables, la sombra del peregrino en la plaza de la Quintana, quemar ollas y trapos de cocina, inundar el piso, comprar una guitarra intocable en los chinos, una noche entre el Modus vivendi y el Bar Tolo, el anuncio de Gadis en los autobuses, los buenos compañeros que hicieron sentirme en casa, los que compartían también esta aventura, los que ya antes estaban presentes y llegaron hasta aquí para estarlo también en este otro mundo que es Santiago, como una parte de mi recién restaurada y estrenada, donde todos los pequeños arañazos en la visión y algunas fobias se han perdido dirección Finisterre, todos los perros y gatos que he visto por la calle y he querido llevarme, los peregrinos que llegan a la catedral y se tumban en el suelo, recordarme en el taxi al llegar la primera vez desde el aeropuerto diciendo "voy a vivir aquí", y lo cierto es que guardaré la llave de un piso al que no podré entrar, sólo por la sensación de poder volver en cualquier momento a la lluvia fina contra la piedra, al norte cada vez que lo pierda.

jueves, 7 de marzo de 2013


Las telarañas en las palabras se fueron creando como por descuido y pasmo: al aparecer los primeros hilos formando microscópicas figuras pentagonales, me fascinó y horrorizó al mismo tiempo. Mientras planeaba por donde empezar a cortar ese construcción endeble y pegajosa, cada vez iba haciendo su hilado más fino, complejo y laberíntico.
Era realmente imposible encontrar el punto exacto por el que desmoronar la estructura, y poder despegar los labios, y aprender a hablar de nuevo. Pero esa imagen ante el espejo, esa marca blanquecina que se mostraba como señal, como advertencia de un error desubicado, como una prohibición de un nuevo intento, apuntalando el medio por el que perderle el respeto... era una venda para la voz, que caería cuando la pillara desprevenida, con fuerzas renovadas y en una revelación instantánea, en el escubrimiento de aque la solución era la más sencilla posible: gritar, sin articular una palabra coherente, pero gritar hasta rasgar y despegar la telaraña, y reaprender a usar las palabras, y medir sus significados; darles un valor supremo por haber estado ausentes tanto tiempo.

domingo, 3 de marzo de 2013


Santiago es mi París.
Contiene en sus calles la quietud de lo ajeno, la cálida acogida del anonimato, incita a hacer cómplices a las piedras de los pensamientos que voy vertiendo por ellas, como cintas que se van desplegando para marcar un camino, certeramente invisible, para perderme siempre de nuevo por este buscado laberinto.
La única guía son los letreros, tal vez algunas estatuas. Las calles sin salida son parte del juego de caminar sin rumbo, acumular pasos como un placer en sí mismo y no un fin, como acostumbra a ser.
La idea es haber salido de casa para perderse, y es en ese estado de desorientación cuando todas las cosas que ocupan la mente mientras nos envolvemos en el orden, desaparecen. Simplemente, dejan de tener importancia, y su lugar lo ocupa el pensar por pensar, un puro juego de palabras: los nombres de las calles, la sorpresa a la vuelta de la esquina, los borrachos y los músicos, las conchas de piedra, una cara familiar aunque sin nombre, alguien que también está dando vueltas para quedarse a solas, alguien con quien caminar extraoficialmente, parándose a mirar los mismos edificios y doblando las mismas esquinas durante un rato. Hasta que la abstracción de la música en los oídos, retumbando en los campanarios, me bifurca de ese camino, y hay una esfera mate, azul y violeta envolviéndome del ruido: Pink floyd y un olor a perfume, Rival Sons y esas escaleras donde jugar al escondite, These foolish things y el saxofón que estampa sus notas contra las columnas románicas.