jueves, 15 de diciembre de 2011

Los truenos del olvido

Quiero que el frío me congele las lágrimas y el alma.
Quiero desconectar la neuronas que me hacen reconocerte.
Ya no es la memoria, es el presente que no existe.
No quiero amnesia, sino agnosia selectiva.
Quiero sentir tanta rabia que acabo queriéndote más.
Quiero destruirte con tantas fuerzas que tu boca cada vez es un tesoro más preciado.
Pretendo decirlo todo para quedarme con nada.
Pero libre de tu silencio.
Ese silencio tuyo que está más vivo que tu presencia.
¿Qué escondes, Sísifo, dentro de ti, que no paro de desearlo?
Mi motivo es no-poder-soportar la piedra que empujas
aplastando mi cuerpo.
Esta esfinge va a romper su piedra para que transpiren los enigmas que aún no ha sabido formular.
Cierra los ojos y sube la guardia.
Me toca provocar el huracán.
O desmayarme de sinceridad
para recobrar el conocimiento
en tus brazos
o en el suelo.

sábado, 29 de octubre de 2011

El blues como expresión dionisíaca

La música inspira un sentimiento único a cada persona y en cada momento.
Pero también es cierto que cada estilo, y cada una de sus corrientes, se carcterizan por un matiz expresivo distinto.
Blues en inglés significa melancolía. Y en ella, hay quien se sumerje hasta sus entrañas y saca la fuerza para gritar y bailar, como Albert Collins. Hay quien la contempla y la reproduce con notas leves y tristes, como Skip James o Mississippi John Hurt.
Lo cierto es que los sentimientos, al igual que los deseos, vuelven con más fuerza si son ignorados, no podemos expulsarlos porque forman parte de nosotros mismos. Sólo tienen que pasar, existir en su momento; y en esos momentos de necesidad expresiva, esa fuerte sensación que se revuelve en nosotros sale transformada en música o en cualquier forma de representación posible.
Y entonces llega la descarga, la liberación; el alivio, en parte, tras un momento de intensidad, de un torbellino de pensamientos y emociones que tras bucear en ellos, la supervivencia misma te hace volver a la superficie a tomar aire de nuevo.
Yo tocaría en un blues un inventario de nostalgias, de aquello que pasa de ser una tremenda ausencia a monumentos erigidos en la memoria, para la memoria de todo lo que nos llevó hasta quienes somos ahora.
Foolish things that had a meaning only for us,
Treasures that can't exist again
Y después, posiblemente, abandonarlo ahí y seguir, buscando el mundo en otros escenarios, palabras y texturas. Para esas inmensas sensaciones que rompen la barrera del placer y el dolor vuelvan y nos recuerden (por eso su insistencia en no ser ignoradas) que seguimos vivos.
Es cuando tras salir de los suburbios del hastío, sonríes, aunque el nudo en la garganta siga siendo el blues que nunca has llegado a cantar: El mundo sigue ahí fuera esperando a ser percibido de una forma distinta cada vez, tras el cambio consecuente de merodear por uno mismo.
En cantar a los porpios defectos está un primer paso para reírse a solas, y crecer invisible y silenciosamente.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Removiendo posiciones

La teoría de la identidad social defiende la idea de que una persona pertenece a un grupo cuando parte de su yo se corresponde con lo que define al grupo. De ahí se desprende que busquemos motivos para que el grupo con el que nos identificamos destaque positivamente por encima de los demás, y alzar así nuestro ego y nuestra razón. Intentaremos darle un trato de favor al resto de sus miembros para reforzar aquello que todos defienden en común. Cuando el grupo no satisface nuestro sentimiento de pertenencia, lo abandonamos o lo justificamos.
Me pregunto ahora, frente a unas elecciones generales inminentes, cómo han cambiado las posiciones frente a las circunstancias que han hecho explotar la desastrosa legislatura y el descontento general con el sistema político y la economía.
Por una parte, el partido gobernante se desmorona internamente, por un proceso muy básico: su líder ha decepcionado y se ha largado a tumbarse en una hamaca, las decisiones del partido faltan a su denominación de socialista incluso en sus versiones más destiladas. Ahora coloca como candidato a la figura de más peso de su gabinete, pero poco digna de confianza para la población. Cuando un político no parece transparente, su actitud es esquiva o soberbia, no se gana al electorado (aunque también sea demasiado fácil fingir una actitud cercana para ganárselo).
A la gente le ha quedado la sensación de que el gobierno ha estado descontrolado, se ha contradicho a sí mismo, ha tomado decisiones mal y tarde, ha pretendido tranquilizarnos cuando estábamos ya al borde de la psicosis colectiva. Y, sin embargo, cuando pretendemos que nos escuchen de forma pacífica en los espacios públicos (ya que por vía oficial nos es imposible), se reprime o se minimiza. Esto contribuye, además, a que nos sintamos engañados al llamar a nuestro sistema democracia.
Entonces, nos encontramos a militantes, o seguidores desde hace décadas, que siguen defendiendo al partido ya ni siquiera con argumentos, sino con justificaciones o tirando porquería al contrario para parecer "menos malo". Otros, se han desvinculado, avergonzados, enfadados, básicamente porque su partido ya no tiene apenas nada de idea de la que partió. Crisis ideológica similar a la que ha provocado la corrupción y el estaticismo histórico de la Iglesia.
Por otra parte, tenemos al partido de la oposición, seguro de que ganará las elecciones por el descontento de la población hacia el contrario. Curiosamente, no ha hecho público aún su programa electoral. Fríamente, ni le haría falta: la idea del voto perdido hace que al ser la segunda potencia política se convierta en prioridad para el voto. Su reclamo publicitario lo dice todo: "Cambio"
Parece que nos contentaremos con eso, al algo diferente, no mejor, suponemos que no peor.
La alternancia de partidos del sistema canovista acabó hartando a los españoles a principios del siglo XX, sus gobernantes de turnaban el trono mientras ellos votaban para formar parte del teatro.
Hay una gran parte de la gente convencida de votar a la alternativa, otra gran parte dispuesta a no votar o votar por un partido pequeño. Posiblemente, haya una mayoría absoluta aunque quisiera pensar que partidos minoritarios de nuevo tengan representación en el congreso.
La cuestión es que ahora, técnicamente no hay líder, la gente está cabreada y el que llegue posiblemente no sea capaz de solucionar los problemas que en las calles se gritan. Queda mucha tormenta, la identidad social da estabilidad y no hay demasiada en estos tiempos.
Hace falta unidad y consenso hacia una dirección, en la se contengan toda la diversidad de opiniones que engloba la sociedad; en la que, por lo menos la representación sea proporcional y la intervención ciudadana sea directa. Creo que es lo mínimo que podemos para seguir apostando por este país y no tener que abandonarlo, resignados a que no tiene arreglo o que no tenemos nada que intentar.

martes, 27 de septiembre de 2011

Intentando ser más listos que el tiempo

No solamente defiendo que la filosofía es necesaria para reflexionar sobre la psicología.
Es que, en muchas ocasiones, utilizamos la filosofía para comprender o justificar lo que ocurre en nuestra mente.

que son malabares con fuego
que todo depende del caleidoscopio
y la retórica.
En los juegos de palabras todo vale porque nada vale.
Por que son sólo justificaciones, máscaras
de lo que no podemos explicar.
Es lo que nos hace
artistas del trapecio
sobre el mar de palabras:
nuestra munición cuando los hechos nos desarman.
Y cómo nos divierte bailar sobre la ideología
saltar hasta perder el impulso
y sumerjirse de nuevo en sus olas
para sacar una nueva coartada
un escudo en el que reboten mis incoherencias
Basta con decir
que quieres decir otra cosa
que sólo tú puedes llegar a comprender.
Y así, transformado en narración
se puede continuar improvisando.

jueves, 21 de julio de 2011

Preocupaciones del pequeño consumidor



Es curioso ver cómo las sociedades se adaptan a su tiempo y empiezan a preguntarse sobre él de forma institntiva. Durante la historia se han planteado las grandes cuestiones de la existencia y se ha ido acumulando todo ese conocimiento hasta hoy, que el ciudadano occidental común se plantea cosas del tipo "¿Por qué cuando nos llaman al móvil sentimos la necesidad irrefrenable de ponernos a andar de un lado a otro?"
Y es cierto, lo hacemos, nos resulta curioso descubrirlo, pero también parece que algunas grandes cuestiones que más angustiaban se han ido resolviendo con la ciencia y la tecnología, y otras quedan latentes mientras el pequeño consumidor asume su papel e intenta entender la cultura en la que le ha tocado vivir, recurriendo como siempre es necesario, al humor.
(Pensamientos propios de escuchar la radio en un viaje en tren)
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El existir mientrastanto, el tiempo como puro medio para un fin. Para la llegada, el abrazo, el re-conocerse, la calma, por fin, de alcanzar el deseo y la nueva inquietud de descubrir qué hay tras sus telones.
Entre una vida y otra, tiempo de viaje. Esperar a que la máquina o el sueño te lleven a la otra orilla, donde encontrarse con un pedazo de tus siguientes días, como un preludio de lo que la vida puede llegar a ser.

En el mientrastanto de la vuelta (donde me espera algo nuevo también porque la ciudad no se paralizó sin mi, ni yo sin ella), pienso en los impulsos que se necesitan desde fuera para avanzar, que la eternidad y la soledad absoluta son como el aceite y el agua. Que el buscarnos unos a otros, el buscar a alguien en concreto, es tirarse de cabeza a la eternidad y fusionarse con todo aquello que perdurará más allá de lo que nuestro cuerpo nos deja.



Puede que por eso me parezca una cagada de miedo de la Humanidad querer alargar el tiempo de la vida a costa de la mayor artificialidad posible y en las condiciones que sea, con tal de no dejar de existir y diluírse, como si toda la huella que dejáramos fuesen nuestros cuerpos.
Revolviendo por los recuerdos, realmente nos dejamos pedazos de nosotros mismos por todas partes, aunque sean anónimos (aunque para evitar eso hay quien escribe su nombre por todo árbol o cuarto de baño que encuentra).
Pero volviendo a la espera del viaje, la música, el libro que elegimos como compañero para tantas horas, o pensar mirando por la ventana; además de relleno para ese tiempo inevitable hasta que se consiga el teletransporte, son como un entrenamiento final para llegar al deseado destino o los nuevos besos, como poner las neuronas en forma y despertarse con el punk como sólo un café conseguiría hacerlo.
A todo esto, hablando de eternidad, sin el arte seríamos meros mortales pegados a un cuerpo, pero es seguro que quien haya sentido alguna vez despegarse de él, es ya algo más consciente de su propia eternidad que todos tenemos de alguna humilde y humana forma.

miércoles, 6 de julio de 2011

A un barco de papel

Desquiciada de esta jaula espacio-temporal en la que se está convirtiendo la biblioteca, miro una de esas chorradas que hacen sonreír: un barco de papel, que no me podría llevar más lejos de donde mi imaginación vuela ahora mismo. Pero lo pongo sobre la página de referencias de las citas de los metaestudios del último tema que se me asienta en la cabeza junto con el resto de cachibaches que ya guarda.
Conste, no me quejo de este largo mes de tensión y horarios, es más pensar en el tonto impulso de correr a ningunaparte o de cerrar los ojos y abrirlos el día que un reloj me parezca tan inútil como una cerilla mojada.
A lo mejor esas supuestas limitaciones sobre las que medimos el perímetro de nuestra vida, se desvanecen cuando simplemente, te dan igual, le pierdes el miedo a la posible consecuencia y simplemente, decides que te apetece vivir. Desafío por el que te pueden llamar loco, algo que parece ir en contra de la comodidad moderna, que dicho sea de paso, es una histriónica: si como "civilizados" no le prestamos atención a sus delicias, se nos cabrea por todos los medios sociales posibles.
Y puede que esta reacción eufórica venga, en parte porque pensar en ella me sienta bien (sigo en la biblioteca, pero me he ido a la República de la Abstracción), también por que ver antivida a mi alrededor en sus diversas formas me hace reafirmarme lejos de ella.
Quien antivive, tiene tanta desgana por la vida que ni siquiera se molesta en fastidiarla: simplemente la deja pasar y consumirse. O bien siendo consciente de lo menos posible de lo que le rodea, no se vaya a molestar saturándose de información y cansándose; o bien reduciendo su espacio vital lo máximo posible, existiendo para pocas personas o sólo para sí mismo.
Pero ya, de la palabra a la acción. Nos cachondeamos del tiempo cuando sólo podemos entretenernos mientras pasa, y permite llegar a ese momento que deseamos, por el que se nos vuela la imaginación como un barco de papel por las páginas que tengo delante hasta.........

domingo, 19 de junio de 2011

Es usted un caso clínico

Dígame, ¿quién es su fantasma? ¿cuál es el monstruo que le acecha o le devora? ¿qué clase de veneno ha tomado para transformar sus sentidos?
No se preocupe, haré un estudio multidimensional de su persona para encontrar la clave de este asunto. No soy de esos teóricos con complejo de antena parabólica: que si recibimos estímulos, los procesamos, emitimos una respuesta y fin del sistema... En todos los campos hay personas que pretenden dar una solución con las menores complicaciones posibles.
Verá, la locura está legítimamente conviviendo con cada persona, en cierta forma es una válvula de escape como el sueño. El problema viene cuando la convivencia se convierte en conquista o en invasión.
Entonces, la mente traspasa sus límites y a través del cuerpo lanza sus señales de aviso, en su lenguaje metafórico que cada uno debe aprender para comunicarse consigo mismo.
Y lo que captamos, los símbolos de esa mente invadida son toda una antología. He visto personas reacias al tacto de los demás, otros que entienden el mundo como una continua amenaza, otros con la vista perfecta que sólo ven borrosas las caras de la gente, personas a las que los conceptos se les cruzan formando frases sin sentido, con fobia a las esculturas de la calle, con obsesión por la belleza hasta el punto de graparse la cara por no tener dinero para un lifting.
Sí, señor, curioso y decadente es este ser humano cuando se le desata un hilo (o no se le ha llegado a atar nunca). Y cuando se mueve en grupo hace más o menos lo mismo, no se crea, la diferencia es que la escala se hace incalculablemente mayor. Si fuésemos conscientes de toda la tiranía que ha exisitido en este mundo, querríamos salir corriendo del planeta pensando con qué clase de tarados compartimos nombre de especie.
Pero no me desviaré del tema. Le decía que estudiaría su caso en profundidad, pero me atrevo a darle ya un indicio por lo que he capatado en usted hasta ahora.
No ha dicho una palabra, ha mirado o el móvil o a la pared, y esa sonrisa sarcástica me dice que tengo razón: apatía social es lo que tiene.
Así que mueva el culo y en vez de tragarse todo el sistema de creencias y estereotipos que le pone en bandeja su entorno cercano o los mass media, salga a la calle, métase en la manifestación y entérese de lo que es capaz de hacer el ser humano, no con todos los hilos de la mente atados, sino apretados por todas las presiones que le han hecho reventar y reinventarse.
Soñar despiertos para vencer el cansancio. Que no le canse vivir, caballero, eso sí es un mal síntoma.